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Palabras... | Padre Vida

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18.06.2026

Palabras... | Padre Vida

18/06/2026.- Un día estaba sembrando unos chaguaramos en el solar de Resolana, la casa donde vivía, en el barrio El Carmen, de Barquisimeto. ¿El objetivo? Embellecerlo, buscando ostentar esa exquisita arrogancia intelectual de un recién graduado universitario. Marcos, mi padre —éramos vecinos—, se acercó y me preguntó qué estaba sembrando. Le dije: "Chaguaramos". "Voy a darle un consejo", me respondió. Tendría él más de setenta años; yo, unos treinta y cinco o más. "Mire —me empezó a explicar—, esas matas son muy peligrosas. Atraen los relámpagos. Además, uno el pobre siempre tiene que sembrá pa comé. Ahí, como usted ve, tengo esa matica de tamarindo. Ya está dos veces más grande que yo y parece que va a dar semillas". Yo, como hijo malcriado, incluso estudiado, que siempre uno cree que sabe más que los padres, inmediatamente lo contrarié y le mal respondí: "¿Usted sabe cómo es la cosa, Marcos? Que a lo mejor ni usted ni yo estaremos vivos cuando estas plantas estén grandes".

Él, vestido sencillamente como siempre, todo de caqui de mucho uso, se retiró sin decir palabra alguna y, al paso lento de la vejez, entró de nuevo en su casita, traspasando la cocina hacia su cuarto. Dejó atrás unos patos flacos y algunas gallinas y pollitos, que creían que Marcos les iba a dar comida, o sea, maíz picado.

Prontamente, me di cuenta de lo bruto que yo había sido, y eso que estaba recién graduado de licenciado en Psicología. Además, ese espacio me lo había regalado él cuando yo no tenía siquiera dónde caer muerto. Dejé lo que estaba haciendo y me fui a pedirle perdón. Hice el intento de entrar a su cuarto. Desde la antesala vi que estaba sentado en la cama, la misma vieja cama de siempre, vencida por el tiempo, como el escaparate. Era el mobiliario que nos acompañaba adondequiera que nos mudáramos. Pero vi también cuando se limpiaba las lágrimas. Eso me conmovió demasiado y no pude seguir para decirle aquello a lo que había ido. Indiscretamente me fui y salí al traspatio. Igual se me acercaron las gallinas y unos pollos y unos patos para pedirme lo mismo.

Ese sentimiento me marcó para siempre. Cada vez que hay lluvia, truenos y relámpagos, me impactan, pues me hacen recordar aquellos momentos y sus palabras.

Muchos años después, hice un viaje con Efrén Montilla, el Negro Rojas, Anusky Montilla y Mariela y Maribel Matute a Canaima. Duramos más de un mes dando vueltas por esos extraordinarios y bellos parajes hasta que regresamos de esa larga travesía a la que nos había invitado el Negro Rojas,........

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