Crisis de fondo y violencia escolar: cuando los adultos abandonan su puesto
El autor de esta columna comenta las medidas que se discuten públicamente para atacar la violencia en el sistema escolar. Dice que la clave está en recuperar la autoridad de los docentes desde el conocimiento, y que instalar, por ejemplo, pórticos detectores de metales puede ser cotraproducente porque «su mal uso puede deteriorar el ambiente escolar y la confianza en las instituciones. Cuando se emplean de forma indiscriminada contra diferentes tipos de violencia escolar, resultan poco efectivos; quizás sirvan como una señal pasajera o una medida disuasoria puntual. Pero solo eso: un componente externo, secundario, que no aborda las causas profundas ni es adecuado para la mayoría de las conductas violentas».
Imagen de portada: Pablo Ovalle / Agencia Uno
Cada vez que ocurre un acto de violencia en un colegio o universidad chilena, el ciclo se repite con una frecuencia casi automática. Primero, las imágenes: un pasillo cubierto de sangre, una profesora caída, bombas molotov frente a un liceo emblemático. Luego, llegan los titulares y la indignación, generando pánico moral. Posteriormente, se anuncian medidas como pórticos detectores de metales, revisión de mochilas, penas agravadas y más cámaras de vigilancia. Finalmente, tras unas semanas, todo vuelve a la calma —hasta que sucede otro episodio—.
Este ciclo va más allá de simples problemas de comunicación, de gestión de crisis y de reparación de daños colaterales. Es un reflejo de un diagnóstico erróneo que se repite sin enmendarse. Se trata el desorden palpable —¡y claramente repudiable! — como si fuera la raíz del problema, cuando en realidad es solo su manifestación más evidente.
El problema de fondo es otro, más profundo y difícil de nombrar: una crisis de autoridad de las instituciones adultas que ya no logran cumplir su función esencial ante las nuevas generaciones.
UN VACÍO QUE NADIE QUIERE NOMBRAR
Hannah Arendt lo expresó con una claridad que sigue vigente. En su ensayo sobre la crisis de la educación, escrito en 1954, afirmaba que la autoridad del adulto —especialmente la del maestro— no proviene del poder ni de la coacción. Se basa en un nivel más exigente: la responsabilidad de guiar al recién llegado en un mundo que ya existe antes de él. El maestro no enseña por autoridad; enseña porque ha aceptado, ante ese mundo y sus nuevos estudiantes, una responsabilidad que nadie más puede asumir. Cuando esa responsabilidad se pierde, no surge la libertad que........
