Alta Dirección Pública: mérito para entrar, discreción para salir
El autor de esta columna analiza el caso reciente de la directora nacional del SernamEG para poner énfasis en la importancia de un sistema que garantice la profesionalización del Estado. Dice que «fortalecer la Alta Dirección Pública no es solo una exigencia de probidad o profesionalización; es también una condición básica para un Estado más eficaz, y más responsable en el uso de los recursos públicos. Y mientras esa tensión no se resuelva, episodios como este seguirán repitiéndose, con distintos nombres, pero con las mismas consecuencias».
Imagen de portada: Priscilla Carrasco, un una de sus últimas apariciones públicas como directora del SernamEG (Víctor Huenante /Agencia Uno)
La reciente polémica por la desvinculación de la Directora del Sernameg, en medio de una enfermedad grave, ha generado una comprensible reacción pública. Más allá de las explicaciones administrativas que han surgido posteriormente, el caso evidencia, en primer lugar, una dimensión básica del ejercicio del poder, la humanidad. La gestión pública no puede desentenderse de estándares mínimos de empatía, especialmente cuando se trata de funcionarias y funcionarios en condiciones de alta vulnerabilidad.
Como hemo sabido recientemente y a la luz de nuevos antecedentes, el Ejecutivo ha matizado su postura. Sin embargo, incluso considerando esta rectificación, el episodio deja al descubierto un problema más estructural, las debilidades persistentes del sistema de Alta Dirección Pública (ADP) en Chile.
Este fenómeno no es nuevo ni........
