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La muerte sumergida: salmonicultura, impunidad empresarial y doble estándar estatal

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20.06.2026

El autor de esta columna reflexiona sobre la muerte este año de nueve trabajadores de la salmonicultura, sin que genere ninguna reacción similar a la ocurrida tras la muerte de los mineros de El Teniente en 2025. Sostiene que «si la muerte de trabajadores en la empresa pública exige allanamientos, imputaciones, emplazamientos ministeriales y autocrítica directiva, la muerte reiterada de buzos salmoneros debiera exigir, al menos, la misma intensidad y respuesta institucional. Porque si la vida de los trabajadores vale lo mismo, la respuesta del Estado también debe valer lo mismo. Y hoy, frente a la salmonicultura, esa igualdad está lejos de ser evidente».

Imagen de portada: foto referencial (Cristián Duarte / Agencia Uno)

La muerte de un trabajador en Chile no parece pesar siempre lo mismo. Depende de dónde ocurre, de quién es la propiedad de la empresa involucrada y de qué intereses económicos o políticos se activan alrededor de la tragedia.

El 5 de junio murió Víctor Guerrero Barría, buzo intermedio de 39 años, mientras realizaba labores submarinas en el centro de cultivo Serrano, en Melinka, Región de Aysén. Trabajaba para una empresa contratista que prestaba servicios a AquaChile. Según los antecedentes conocidos, murió a 37 metros de profundidad, pese a las maniobras de emergencia. Con su deceso, ya son nueve los trabajadores fallecidos en la industria salmonera durante los primeros seis meses de 2026. La cifra equivale a 1,5 muertes por mes: una regularidad incompatible con la idea de accidentes aislados.

La reacción empresarial fue la habitual: lamentar el hecho, acompañar a las personas afectadas y colaborar con la investigación. Junto con lo anterior, señaló que la seguridad de quienes trabajan directa o indirectamente en sus operaciones es una prioridad permanente y que los antecedentes fueron puestos a disposición de la Armada y del Ministerio Público. Pero esa fórmula —dolor, protocolo y colaboración— resulta insuficiente cuando las muertes dejan de ser excepcionales y comienzan a mostrar un patrón. El buceo ha sido identificado desde hace años como una de las actividades más riesgosas de la salmonicultura. Los antecedentes disponibles muestran problemas asociados al incumplimiento de límites de profundidad, exposición a condiciones climáticas adversas, falta de capacitación, incumplimiento de tiempos de descanso, equipos en mal estado, supervisión deficiente y prácticas altamente riesgosas, como el denominado “buceo yo-yo” (sumergirse y emerger reiteradamente sin respetar adecuadamente las tablas de descompresión). No estamos ante accidentes imprevisibles. Estamos ante una industria que opera sobre riesgos........

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