La paz no era esto, pero al mercado le vale (porque está a la IA y los cohetes)
¿Recuerdan que se había acordado un plan de paz para Gaza detallado en 20 puntos? Donald Trump fanfarroneó con que había logrado “la paz eterna en Oriente Próximo” y reclamó para sí el Nobel de la Paz. Ese plan se acordó el septiembre del año pasado para frenar una matanza espantosa. Sirvió para que Hamás liberara a los últimos rehenes israelíes y para que entrara un poco de ayuda humanitaria en esa tierra hambrienta y devastada. Todo lo demás escrito en esos 20 puntos se lee como una broma macabra nueve meses después: la retirada de Israel del territorio ocupado; la desmilitarización de Hamás y una amnistía para sus miembros; la libre entrada y salida de la población gazatí; un Gobierno palestino tecnócrata supervisado por una Junta de Paz; un plan de reconstrucción de la Franja; incluso se menciona un posible camino futuro al Estado palestino. En vez de todo eso, los gazatíes siguen hacinados en condiciones inhumanas, todavía son bombardeados (aunque con menor frecuencia que antes) y se demuelen sus casas, y Benjamín Netanyahu ha ordenado a sus tropas ocupar el 70% de la Franja, porque el 60% actual le parece poco. Esto por no mencionar que Israel avanza a paso firme en la colonización de lo poco que queda de Cisjordania y en la ocupación del sur de Líbano.
Ese precedente debería llevarnos a la máxima desconfianza sobre el acuerdo de paz, este de 14 puntos, que EE UU e Irán ya han firmado dos veces de forma telemática: primero lo hizo J. D. Vance y luego Trump, que estaba en Versalles con el G-7. Hasta el simbolismo fue extraño: el palacio francés fue el escenario de la capitulación de Alemania tras la Primera Guerra Mundial. El pacto, además, se tambalea desde el primer día: las conversaciones de este viernes en Ginebra se han cancelado por un nuevo ataque israelí en Líbano. El anuncio posterior de una tregua entre Israel y Hezbolá era tan poco creíble que ninguno de los dos paró.
Trump dirá lo que siempre dice, que ha ganado, pero el texto del acuerdo representa una victoria estratégica que no podía ni soñar el régimen iraní. No solo consolida la dictadura y mantiene su influencia en la región, sino que lograría el levantamiento de todas las sanciones, la descongelación de sus activos y un plan de reconstrucción de 300.000 millones de dólares a cambio de un compromiso difuso de no construir armas nucleares, cuya concreción queda para más adelante. El supuesto éxito para Washington es reabrir el estrecho de Ormuz, que ya estaba abierto hasta que la guerra diera ocasión a Teherán de demostrar su control sobre el gran corredor del petróleo del mundo. De ese supuesto fondo de reconstrucción, que se parece demasiado a un pago de reparaciones de guerra, sabemos poco, aunque Trump dice que no lo sufragará EE UU. Está por definir si serán los Estados del Golfo o empresas privadas, y a cambio de qué.
Se mire como se mire, el texto refleja la ansiedad........
