¿Puede una burbuja ser positiva?
La RAE define burbuja, en su acepción económica, como un “proceso de fuerte subida en el precio de un activo, que genera expectativas de subidas futuras no exentas de riesgo”. Podríamos decir que la definición es aséptica, porque no transmite lo que ocurre en el ámbito emocional cuando se forma una burbuja: la euforia, la sensación de que el crecimiento futuro justifica cualquier precio, el miedo a quedarse fuera y pensar que esta vez será diferente.
El pasado 12 de junio, SpaceX protagonizó la mayor salida a Bolsa de la historia, superando a Saudi Aramco en 2019. La valoración total de la compañía ascendió a 1,77 billones de dólares. Un éxito rotundo que contrasta con las cifras financieras de la compañía. La empresa cerró con pérdidas el ejercicio de 2025, a pesar de los buenos números de su segmento de conectividad a internet: Starlink. En ausencia de beneficios, la empresa salió a Bolsa valorada en 95 veces sus ventas anuales y, en el momento de escribir estas líneas, la acción ha subido ya más de un 40%, situándose como la sexta compañía más valorada del mundo. Claramente, el inversor no compra lo que SpaceX es, sino lo que será.
Para entender mejor esta euforia inversora, me parece interesante mirar no tanto hacia la burbuja puntocom, sino hacia algo mucho más antiguo: la Compañía de los Mares del Sur. Fundada en Londres en 1711, recibió del Parlamento británico el monopolio del comercio con Sudamérica y el Pacífico,........
