Google ya no es una empresa ligera de capital
Durante casi dos décadas, las grandes empresas tecnológicas estadounidenses reunieron características que rara vez aparecen juntas. Crecían con rapidez, disfrutaban de márgenes elevados, apenas necesitaban endeudarse y podían aumentar sus ingresos sin realizar inversiones proporcionales en activos físicos. Google era quizá el mejor ejemplo. Una vez construido su buscador y consolidada su posición en la publicidad digital, cada consulta adicional tenía un coste muy reducido. La compañía generaba cantidades crecientes de efectivo que podía mantener en caja o devolver a los accionistas mediante recompras....
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La inteligencia artificial está modificando ese modelo. Alphabet invirtió 38.495 millones de euros en bienes de capital durante el segundo trimestre, el doble que un año antes y más de siete veces la cifra registrada a comienzos de 2023. Esa inversión superó los 33.478 millones generados por las operaciones y provocó un flujo de caja libre negativo de 5.017 millones. Es el primer trimestre en el que sucede esto desde la salida a Bolsa de Google, y la dirección anticipa que la presión sobre el flujo de caja continuará.
Los resultados, vistos superficialmente, parecen buenos: el resultado operativo creció hasta 34.936 millones. El temor del mercado no se debe, por tanto, a que Google haya dejado de ganar dinero. Se debe a que está convirtiéndose en otra clase de empresa. La antigua Alphabet podía equivocarse en un producto, cerrar un proyecto y conservar intacta su formidable máquina de generar efectivo. La nueva Alphabet debe comprometer grandes cantidades de capital varios años antes de conocer la demanda final, mientras sus servidores se deprecian con rapidez y generan elevados costes de energía, refrigeración, mantenimiento y........
