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El plan de cero emisiones británico está al revés y necesita una revisión

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27.06.2026

La llegada en tren a Londres del aspirante a primer ministro británico, Andy Burnham, la mañana del lunes suscitó numerosas comparaciones jocosas con el célebre regreso de Vladímir Ilich Lenin a la estación de Finlandia de San Petersburgo desde sus años de exilio, en abril de 1917. Sin embargo, si Burnham quiere gobernar con éxito a un electorado británico cada vez más frustrado por el estancamiento económico y el declive gestionado, harán falta cambios revolucionarios.

Un ámbito que requiere atención urgente es la estrategia de cero emisiones del Reino Unido. El mismo día en que Burnham resultó reelegido en el Parlamento, el Partido Conservador ganó su primera elección parcial en Escocia desde 1967, impulsado por un vuelco descomunal del 22% de votos desde el laborismo en Aberdeen South. No es casualidad que esa circunscripción se sitúe en el corazón de la industria de petróleo y gas del mar del Norte. El miércoles, entretanto, la Cámara de los Lores aprobó una moción muy inusual que reprochaba a la política climática del Gobierno “provocar precios energéticos más altos, una mayor desindustrialización y un menor crecimiento económico”.

Y, al día siguiente, Gran Bretaña registró su temperatura de junio más alta jamás medida, 36,1 °C, mientras que el lunes el servicio metereológico proyectó que Inglaterra podría alcanzar de forma plausible picos de 45 °C en 2056, lo que ilustra con crudeza la realidad del cambio climático. El próximo primer ministro tiene un círculo difícil de cuadrar.

Por fortuna, existe un diagnóstico sencillo de lo que falló en la política energética y climática británica: el Reino Unido planteó su estrategia de cero emisiones al revés.

Durante más de tres décadas, la política del país se centró en descarbonizar el........

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