La burbuja de todo vuelve con más fuerza que nunca
Hace cinco años, la especulación financiera campaba a sus anchas. Era el apogeo de las acciones meme, las SPAC, los tokens no fungibles y criptos de dudosa calidad como Dogecoin. En el verano de 2021, Richard Bernstein, antiguo estratega cuantitativo de Merrill Lynch convertido en gestor de fondos, enumeró cinco factores que apuntaban a la existencia de una burbuja. En cuestión de meses, la renta variable de EE UU tocó techo y, durante el año siguiente, entró en un mercado bajista. Ahora la llamada “burbuja de todo” ha regresado con fuerza. Esta vez, los riesgos a la baja parecen mucho mayores.
Bernstein, ahora jefe global de macroeconomía de Janus Henderson, situó el aumento de la liquidez como primer factor de una burbuja. En 2021, la oferta monetaria de EE UU se disparaba tras los enormes programas de compra de bonos que la Reserva Federal había puesto en marcha por la pandemia. Ese exceso de efectivo acabó llegando a la Bolsa. El balance del banco central de EE UU ya no crece de forma explosiva. Aun así, dice Bernstein, las condiciones financieras siguen siendo hoy extraordinariamente laxas. El índice de la Fed de Chicago que mide esta variable ha seguido una tendencia descendente desde finales de 2022, aunque permanece algo por encima de su mínimo de 2021.
Un segundo factor era el alza del apalancamiento. En 2021, Bernstein señalaba que muchos minoristas —entre ellos el 80% de los pertenecientes a la generación Z— se endeudaban para comprar acciones. Los especuladores también usaban opciones sobre acciones individuales para potenciar sus retornos. Hoy hay aún más apalancamiento. La deuda de margen ha estado creciendo más deprisa que la hipotecaria y la de tarjetas, dice Bernstein, y está ya en máximos tanto en dólares como en relación con el PIB.
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