El futuro ministro de Economía de Alberto Núñez Feijóo si llega a La Moncloa
“Ahora mismo solo está en su cabeza”. Ese es el mantra que repiten personas que tratan habitualmente con el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, cuando se les pregunta por quién será su hombre fuerte en el terreno económico si gana las elecciones del 29-N y puede formar gobierno. Tratar habitualmente con él, en todo caso, no implica ni de lejos cercanía, una condición que solo atesora el núcleo de personas que hicieron el tortuoso camino desde tierras gallegas junto a él y que se pueden contar con los dedos de una mano. “Ellos han salido de Galicia, pero Galicia no ha salido de ellos”, bromeaban durante sus primeros tiempos en Madrid conspicuos ejecutivos del Ibex para escen...
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ificar la distancia de Feijóo y de su clan con los problemas corporativos, así como la dificultad que encontraban para penetrar en su círculo de confianza. Por otra parte, tampoco es que la proximidad al líder popular prejuzgue un conocimiento íntimo de sus intenciones. Es muy posible que, a estas alturas de la saga, ni Mar Sánchez -su jefa de prensa en Galicia y hoy diputada-; Marta Varela -jefa de gabinete, también en la Cámara Baja -; Álvaro Pérez -jurista, exdirector general de gabinete y exsecretario general de la Xunta, también diputado-; el ferrolano Miguel Tellado -exsecretario general del PP en Galicia-, o Luis de la Matta -director de comunicación del partido-, atisben cuáles son los planes de quien maneja el partido desde la séptima planta de la sede popular en Génova.
La historia es una buena maestra. Los dos gobiernos que el Partido Popular ha diseñado en democracia han planteado dos modelos bien diferentes a la hora de abordar la gestión económica. En el caso de José María Aznar (1996-2004), pocas dudas había -antes y después del triunfo electoral- de que Rodrigo Rato sería el elegido para regentar el área, cosa que hizo como todopoderoso vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda. Diseñó un organigrama basado en secretarios de Estado y secretarios generales más o menos afines como Cristóbal Montoro, José Manuel Fernández Norniella -el colaborador que le era realmente próximo en lo personal y que lideró el área de Comercio entre 1996 y 1998-, José Folgado, Elena Pisonero, Luis de Guindos o Juan Costa. La pirámide estaba clara, al punto de ejercer quien era de facto el número dos de Aznar una autoridad rayana en el temor entre su propio séquito y las huestes ajenas. Su pétrea mirada, fijada sin clemencia en su objetivo por encima de sus gafas de ver, fulminaba. No solo caía bajo su demarcación el tejido productivo y la evolución macroeconómica, sino también la fiscalidad y los intereses corporativos, con influencia directa sobre las operaciones de concentración empresarial. En su haber, la entrada en el euro, un éxito rotundo que contrasta con el descalabro personal que supuso para él la gestión de Bankia. Parece evidente que un compañero de gabinete, con otras hechuras, tomaba nota........
