Qué puede hacer Europa para captar el dinero que se va a EE UU
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En tiempos de revolución tecnológica las empresas europeas no despegan. Los expertos siguen dándole vueltas sobre cómo cerrar la brecha de productividad e inversión entre la UE y EE UU. No hay una tecla mágica pero está el debate candente.
Hace unas semanas, la red social X —antes llamada Twitter— volvió a acoger un foro de discusión entre economistas como en los viejos tiempos. Y aunque con retraso, este boletín no lo podía dejar de abordar. El nobel de economía francés Philippe Aghion y el español Luis Garicano se enzarzaron con el también nobel de economía estadounidense Paul Krugman en un debate sobre cómo medir la evolución de la productividad y, en cierta manera, la calidad de vida asociada a la actividad económica en Europa frente a Estados Unidos.
El contexto del debate está dos años más atrás en la publicación del llamado “Informe Draghi” en el que el ex presidente del BCE desgrana los problemas de la UE que se centran en su crecimiento y productividad anémicas y la falta de inversión. La hoja de ruta de Draghi se convierte así en los diez mandamientos de los economistas europeos que chocan con un elemento muy básico: no hay una forma consensuada de medir la productividad y sí diversas aproximaciones.
Cuando algo no se puede medir, es difícil de evaluar, y los europeos estaban un poco en un soliloquio cuando llegó Krugman, al que le pirra el estilo de vida europeo, a defender en una de sus newsletters que publica regularmente en Substack que no había que obsesionarse tanto con la productividad y que Europa estaba mejor, o al menos se vivía mejor, que en EE UU.
Para defender su postura, Krugman utiliza el indicador de poder de compra a precios corrientes (PPA) según el cual la situación de Europa frente a EE UU está estable desde los años 2000. El estadounidense dice que el crecimiento económico de su país se basa por completo en la tecnología, pero que la UE también se beneficia de su desarrollo así que la brecha no se ensancha. A cambio, Europa habría empleado esa inversión en tecnología en el Estado del bienestar, lo que es más positivo para el ciudadano.
Garicano y Aghion salieron en tromba a contradecir a Krugman en un debate híbrido, que fue saltando de Substack, a X, pasando por artículos en plataformas de pensamiento” y foros de debate.
Un inciso. Hacía más de una década, desde la escaramuza de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff contra Thomas Herndon que la comunidad económica no asistía a un debate tan intenso e interesante. En 2013, Reinhart y Rogoff hicieron un alegato contra la deuda —en mitad de una crisis de deuda— que tuvo una ola de detractores y también fue saltando de medio en medio. Ese fue posiblemente el primer debate de calado con formato híbrido. Otros para la historia como los de Joan Robinson contra Robert Solow; el de Samuelson contra Milton Friedman o el de John Maynard Keynes contra Friedrich Hayek se habían sostenido básicamente en revistas y periódicos de papel.
Volviendo a la actualidad. Garicano y Aghion, que no hacen más que pinchar a los........
