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Bien común y suficiencia: Iglesia y progresistas se encuentran en el pensamiento económico

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14.06.2026

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Es alta la saturación informativa sobre la visita del papa León XIV pero en el torrente de análisis sobre la carga política, a la izquierda o a la derecha, de los discursos del Pontífice apenas se ha mencionado su posición sobre la economía. El bien común ha sido una constante en sus intervenciones, un concepto convergente con las corrientes económicas progresistas. ¿De qué se trata y cómo se consigue?

El bien común es una idea aristotélica surgida casi cuatro siglos antes del nacimiento de Jesús de Nazaret. Aristóteles defendía que el bien común es más que la suma individual y que la política debe buscar ese interés colectivo para construir un Estado justo. La política debe coordinar a las demás ciencias en busca de ese bien supremo, ya que el ser humano no puede alcanzar ese objetivo de forma individual.

‌En el siglo XIII, Santo Tomás de Aquino hace suyas las teorías aristotélicas y las fusiona con la teología cristiana. El dominico sitúa el bien colectivo por encima del individual y hace a los gobernantes responsables de legislar para preservar este bien. Uno de los bienes comunes indispensables en el pensamiento tomista es la paz, que es el estado en el que los individuos se pueden realizar, así que los gobernantes la deben garantizar. Para Aristóteles y para Tomás de Aquino, el bien común es un medio para alcanzar la virtud.

Detrás de este concepto de bien común se forjan corrientes de pensamiento económico tanto civiles como religiosas que llegan hasta hoy y de hecho cada vez toman más fuerza. La más reconocida académicamente la fija el Nobel de Economía de 2014, Jean Tirole con su Economía del Bien Común. Tirole toma prestada una pregunta al filósofo John Rawls: “Si aún no hubieras nacido y no sabes qué papel ocuparás en la sociedad, si rico o pobre… ¿En qué tipo de sociedad te gustaría vivir?”. La respuesta lógica es en una sociedad con sanidad y educación públicas, que defendiera la igualdad de oportunidades, lo que en gran medida define el concepto del bien común. Tiroleno está en contra del mercado y lo incorpora como un medio necesario para asignar recursos. El Estado debe organizar el juego, dando incentivos o penalizando determinadas actitudes.

Hace unas semanas la economista Mariana Mazzucato, auténtica musa de la socialdemocracia, publicó un nuevo libro con su propia visión del bien común. Con un título muy similar al de Tirole, en este caso traducido al español como: Bien común: una nueva economía que funcione para todos, la angloitaliana va un paso más allá de la propuesta de Tirole ya que no ve al Estado como árbitro de la organización económica. En libros anteriores, Mazzucato ya había instaurado la figura del Estado emprendedor que debe promover las actividades a priori menos rentables pero más beneficiosas para el conjunto de la sociedad.

La economista rechaza la visión tradicional de que el Estado solo debe actuar para suplir los fallos de mercado. Dice que el bien común debe estar en el centro del propósito, lo que significa que el Estado y las empresas deben colaborar proactivamente para cocrear y dar forma a los mercados con objetivos sociales claros. Incorpora también la idea de misión de sus libros anteriores, uno de los conceptos sobre los que pivota el cristianismo.

‌Otros dos economistas, quizás menos conocidos por el gran público, han abanderado la economía del bien común en el último siglo. Uno es Christian Felber que tuvo su momento de mayor popularidad al estallar la recesión financiera de 2008 y en que fundó una plataforma internacional para promover el uso de indicadores que midan la economía más allá del PIB y de los beneficios. Una herramienta que bautizó como balance del bien común. Felber se inspiró en Stefano Zamagni, economista cristiano que bebe de la llamada escuela Genovesi, pilar del pensamiento de la Ilustración italiana (siglo XVIII) que construye la llamada Economía Civil y que sirve de base para la Doctrina Social de la Iglesia, esto es, la postura del Vaticano respecto a la organización económica.

‌Zamagni propone que las empresas no solo busquen la eficiencia, sino la fraternidad, promoviendo cooperativas donde el trabajo tenga un sentido humano. Junto con Luigino Bruni, han sido asesores económicos de hasta tres papas, empezando........

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