Las rutas que hacemos más probables
La física lleva siglos intentando explicar por qué las cosas suceden como suceden. Una de sus ideas más fascinantes es el principio de mínima acción: entre las múltiples trayectorias posibles de un sistema, unas resultan mucho más probables que otras.
La teoría cuántica llevó esta idea todavía más lejos. En la formulación de Feynman, una partícula que viaja de A a B no tiene una única trayectoria predeterminada. Para explicar su comportamiento debemos considerar todas las posibles. Cuando pasamos del mundo microscópico al macroscópico, sin embargo, esta incertidumbre individual da lugar a las regularidades de la física clásica.
La economía, evidentemente, no es física cuántica. Pero la analogía puede ayudarnos a entender algo importante sobre cómo funcionan las sociedades. Que una decisión no esté determinada no significa que todas sus alternativas sean igualmente probables.
Cada día tomamos millones de decisiones económicas. Trabajar más o menos. Contratar o automatizar. Emprender o permanecer en una empresa. Invertir o ahorrar. Madrid o Londres. España o Portugal. Ningún impuesto determina por sí solo ninguna de estas decisiones. Las personas valoramos nuestra familia, nuestro entorno, las oportunidades profesionales, el clima o nuestra vinculación con una ciudad. Las empresas incorporan igualmente decenas de variables antes de invertir. Pero las reglas del sistema modifican las probabilidades. El tax wedge ofrece un buen ejemplo. Mide la distancia entre el coste total que........
