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Un plan de revisión

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26.03.2026

En ese ejercicio de análisis y crítica sana que siempre es necesario tras todo lo que sucede, no debe faltar la revisión por parte de ... las administraciones públicas de ciertas infraestructuras. Lo digo y lo escribo con la imagen de ese paso deprimido en Arucas en el que hubo que meter una motobomba para retirar agua, con el tráfico interrumpido durante horas.

También lo digo y lo escribo viendo cómo el diseño de algunas calles y la falta de previsión derivan en viviendas y garajes inundados, o esas vías que se asfaltan a base de aumentar el grosor cada cierto tiempo pero sin que nadie caiga en la cuenta de que cuando corra el agua, ya no hay un bordillo que marque la diferencia con las puertas de los inmuebles particulares.

En paralelo, tenemos a los expertos en meteorología avisando desde hace años que el cambio climático está aquí y que este fenómenos de alto impacto va a ser cada más frecuente y con una intensidad mayor. Pero da la sensación de que el mensaje no ha calado en las escuelas de ingeniería y arquitectura, tampoco a la hora del cálculo de estructuras, y lo mismo debe estar pasando con quienes confeccionan las licitaciones de obras públicas y fijan los criterios para elegir las empresas que acometen los proyectos.

Sabemos que con Therese ha llovido mucho y seguramente estaremos ante una borrasca que entra en la historia de lo que va de siglo, pero también vemos que infraestructuras con muchos más años resisten bastante mejor. En Gran Canaria, por ejemplo, presas con bastante más de medio siglo de vida han soportado el reboso, con los aliviaderos funcionando. Mientras, insisto, un paso deprimido de reciente construcción se ha inundado a las primeras de cambio. Y todos los que residimos en Gran Canaria podemos mencionar sobre la marcha al menos media docena de lugares donde ocurre lo mismo y sin necesidad de que los registros pluviométricos sean excepcionales. Se trata, por tanto, de construir mejor y de revisar. Y en esto último las administraciones y quienes están al frente de ellas son los máximos responsables. No vale con darse codazos para salir en la foto de las inauguraciones de turno; lo que urge es contar con protocolos que garanticen la revisión de las obras y la exigencia de responsabilidades si hay fallos.

Con las peculiaridades de la orografía de buena parte de las islas y con el cambio climático haciendo ya de las suyas, cada día que pase sin tomar en serio esa necesidad supone multiplicar el riesgo de incidentes. Es jugar con fuego.

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