Identidad lingüística de la Macaronesia
De sobra sabido es que esos cuatro archipiélagos que conocemos con los nombres de Canarias, Azores, Madeira y Cabo Verde desde finales de la Edad Media presentan grandes coincidencias entre sí, determinadas en buena medida por su ubicación en la misma zona del planeta, que es el Atlántico Norte. Coinciden en su condición insular. Coinciden en su naturaleza volcánica. Coinciden en buena parte de su flora y de su fauna, principalmente, la marítima. Coinciden también en un porcentaje bastante alto de su cultura tradicional, aunque en este caso por razones históricas y no por razones naturales. Y coinciden asimismo en buena parte de la raigambre de su gente. De ahí que los estudiosos los hayan encuadrados a todos ellos en una categoría común, en la categoría común de la Macaronesia, cuyo nombre, de origen griego, tiene la pretenciosa, cursi e idílica significación etimológica de “islas felices”.
Lo que, sin embargo, no es tan sabido es que el factor que más contribuye a dar unidad a estos cuatro archipiélagos supuestamente bienaventurados no son tanto las coincidencias geográficas, insulares, volcánicas, de flora y fauna, de cultura tradicional o genealógicas mencionadas cuanto las palabras que se usan para designarlas, que son en buena medida las mismas, la inmensa mayoría de ellas procedente de la lengua portuguesa, que es la oficial de la gente de Madeira y Azores, que se encuentra en la base de la lengua criolla que se habla actualmente en Cabo Verde y que influyó de forma decisiva sobre el español de Canarias durante los siglos XVI, XVII y XVIII, principalmente, como nos han hecho ver tantos dialectólogos, historiadores y etnógrafos de dentro y de fuera de las Islas, como Elías Serra Ràfols, Manuel Alvar, José Pérez Vidal, Juan Régulo Pérez, Antonio Lorenzo Ramos, Manuel Lobo, Carmen Díaz Alayón, Manuel Torres Stinga, Francisco García Talavera, Pedro Nolasco Leal y yo mismo.
En efecto, así es. En primer lugar, son las palabras de la lengua portuguesa el factor que más contribuye a dar unidad a la geografía de la Macaronesia porque son ellas quienes dan nombre a gran parte de las llanuras, elevaciones y depresiones de su territorio. Así las ensenadas en la costa, los terrenos llanos al pie de las laderas o escarpes que se forman con materiales desprendidos de las alturas, las oquedades en terrenos peñascosos, los agujeros abiertos por la erosión del mar en las rocas, por donde, al comprimirse, sale el agua dando un fuerte bufido, las prolongaciones de tierra que penetran en el mar, los escollos próximos a la costa, el terreno baldío o erial, las piedras planas y los cantos rodados, por ejemplo, que reciben en todas ellas las denominaciones portuguesas comunes de caleta, fajana, furnia, bufadero, punta, baja, arrife, lajas y callaos (citamos por las versiones fónica y ortográfica españolas, para simplificar), respectivamente.
En segundo lugar, son las palabras de la lengua portuguesa el factor que más contribuye a dar unidad a la flora de la Macaronesia, porque ellas son las que proporcionan nombre a gran parte de sus especies vegetales. Así los árboles, arbustos o plantas que los botánicos denominan Apollonia barbujana, Ocotea foetens, Laurus azorica,........
