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“¡Guerra al intruso ‘vosotros’!”

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01.06.2026

En el archipiélago canario se empleó siempre la oposición pronominal española vosotros/ustedes, con los mismos o parecidos valores que estos dos importantes recursos gramaticales presentan actualmente en el dialecto castellano o en el andaluz oriental, que son los siguientes: en el caso de vosotros, ‘plural de tú’, que es el verdadero pronombre de segunda persona en nuestra lengua. De ahí el sentido de confianza o familiaridad que implican siempre tanto tú como vosotros en la realidad concreta del hablar o parole; y, en el caso de ustedes, ‘plural de usted’, que es un pronombre de tercera persona determinada con significación léxica de cortesía (de ahí que concuerde con verbos en tercera persona), proveniente de la fórmula vuestra merced de que deriva. Por eso, han desarrollado tanto usted como ustedes un matiz de respeto o cortesía en el hablar concreto, que no es otra cosa que un efecto de sentido determinado por el alejamiento personal que implica la significación de ‘no persona’ o ‘impersonalidad mostrativa’ que caracteriza a ambas formas. Así, para dirigirse familiarmente a un oyente múltiple decían los canarios de antaño y dicen muchos de los de hoy “Vosotros tenéis que coger el coche en la plaza”, por ejemplo, y, para dirigirse a él con cortesía o respeto, “Ustedes tienen que coger el coche en la plaza”, como en las modalidades peninsulares citadas.

Esta vieja oposición de la lengua española empezó a entrar en crisis en las Islas hacia finales del siglo XIX y principios del XX, a imitación del habla de la Andalucía occidental, donde había comenzado a neutralizarse tiempo atrás, en favor de la forma ustedes, o a imitación de ciertas hablas de la América hispana, tan frecuentada secularmente por la gente de las Islas y donde nuestra neutralización tenía ya por entonces cierto arraigo. La puerta de entrada de esta novedad idiomática en el Archipiélago parece haber sido el habla de Las Palmas de Gran Canaria, que actuó durante mucho tiempo como locomotora del habla insular. Con ello, se renunciaba a la forma de familiaridad vosotros y se generalizaba la forma de cortesía ustedes a todos los oyentes múltiples, fuera cual fuera su condición social, profesional, etcétera. Pecando por exceso en la consideración personal, no se corría el riesgo de que el siempre puntilloso interlocutor pudiera sentirse ofendido por una invocación que no hiciera justicia a su rango. 

¿Qué implicaba objetivamente este importante cambio gramatical, que afectaba no a una palabra aislada, sino a todo un sistema lingüístico, con formas muy diversas: la forma de sujeto y terminal de preposición vosotros, la forma complementaria (v)os, las formas posesivas vuestro, vuestra, vuestros y vuestras y los sufijos verbales -is de los modos indicativo y subjetivo y -d del imperativo? Pues lo que implicaba el cambio era nada más y nada menos que la ruina de la importantísima oposición semántica ‘segunda persona plural’, que permitía expresar la familiaridad / ‘tercera persona determinada plural’, que permitía expresar la cortesía, reduciéndose así la gama de las posibilidades designativas del oyente múltiple a la significación gramatical de ‘tercera persona determinada plural’, sin más. De esta manera se quedaba el hablante canario sin pronombre de segunda persona plural y pasaba a designar al oyente múltiple con uno de tercera, que, precisamente por la desaparición de su contrincante vosotros, perdía el matiz de cortesía que lo había caracterizado hasta entonces y se convertía en fórmula de tratamiento neutro, sin ningún matiz de familiaridad o respeto añadido. En la nueva situación, no hay ‘familiaridad’ ni ‘cortesía’, sino simplemente ‘mención inespecífica a un oyente múltiple’. A partir de ahora, para marcar el rango social o profesional del colectivo que invoca, tendrá la gente de las Islas que echar mano de recursos expresivos de otro tipo, como los tratamientos léxicos señor, señora, caballero, don, doña, maestro…, por ejemplo. De esta manera quedaba el sistema pronominal de segunda persona cojo en el habla canaria, pues una distinción que se mantenía incólume en........

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