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La tragedia extendida: ¿Para qué el Moncada?

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26.07.2025

Por Orlando Márquez*

Fue en un discurso mientras encabezaba el gobierno en Cuba -y cuya fecha exacta no recuerdo-, cuando Raúl Castro se refirió a una carta que le enviara una miembro del Partido Comunista de la provincia Pinar del Río. La persona denunciaba haber sido separada de su puesto de trabajo por practicar abiertamente una religión. Raúl Castro criticó públicamente lo ocurrido, y dijo que se había hecho justicia.

Después escuché que, en reunión privada con quienes castigaron a la mujer, pidió explicaciones y le respondieron que siempre se ha procedido así con tales casos, de acuerdo al manual. Por supuesto que él lo sabía, pero en ese momento condenó tal práctica y, de pie, dio por terminada la reunión con una frase sugestiva: “¡Yo no fui al Moncada para esto!”

El hombre confrontado por su propia historia y conciencia, es el guerrero único de su propia batalla: es un misterio inescrutable.

Pero desde que escuché la anécdota me he preguntado, sin pretender respuesta, cuántas veces, durante su largo periodo como segundo responsable del gobierno revolucionario en Cuba, Raúl Castro se habría repetido a sí mismo la frase. Es difícil negar que las políticas practicadas después de 1959, anularon los ideales que animaron a decenas de jóvenes a seguir al líder en el intento de tomar por las armas el cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953.

Aquel fue el día que marcó la diferencia entre el pasado y el futuro, pero no en la forma prometida, pues el pasado sería la dictadura de entonces, y el futuro sería la democracia reconquistada. No fue así. La dictadura siguió, con rostros y ropas diferentes, su vida en el futuro, hasta hoy.

Fachada del cuartel Moncada con los impactos de las balas tras el ataque.

Las motivaciones para aquella acción -que dejó, entre soldados, asaltantes revolucionarios y civiles indirectamente involucrados, casi un centenar de muertos-, eran justas. Según Fidel Castro (La historia me absolverá), de triunfar aquel delirio se habrían proclamado estas cinco “leyes revolucionarias”:

“La primera ley........

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