Elecciones en Bolivia: fragmentación récord y reordenamiento del voto popular sin el MAS, según análisis del CELAG
Las elecciones subnacionales celebradas el pasado 22 de marzo, junto con las segundas vueltas del 19 de abril, han dejado un tablero político boliviano más fragmentado elque nunca. Según un informe del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), pese a la desaparición del MAS-IPSP como sigla visible por primera vez en 25 años, el campo popular/indígena logró mantener presencia en al menos 161 municipios, aunque de manera dispersa. En contraste, el Gobierno de Rodrigo Paz no consiguió traducir su victoria presidencial de 2025 en una estructura territorial sólida, mientras que la derecha, a pesar de controlar seis de las nueve gobernaciones, no logró articular un liderazgo nacional claro. El escenario resultante es de alta complejidad para la gobernabilidad, tanto nacional como subnacional.
Una elección atípica marcada por inhabilitaciones y ausencia del MAS
Los comicios del 22 de marzo de 2026 fueron los más complejos de las últimas dos décadas en Bolivia. Por primera vez desde 1999, el Movimiento Al Socialismo (MAS-IPSP) no participó con su propia sigla ni con sus símbolos distintivos, debido a una crisis interna que derivó en que sus candidaturas se presentaran bajo alianzas alternativas, principalmente a través de la Alianza Unidos por los Pueblos (AUPP) y otras siglas locales.
Para la votación, que en Bolivia es obligatoria, estaban habilitados 7.393.449 ciudadanos. La participación alcanzó el 87% de los votos emitidos, con un 11% de votos nulos y un 3% de votos blancos, cifras que en algunos departamentos superaron ampliamente los porcentajes de ciertos candidatos.
El proceso electoral estuvo signado por una serie de decisiones controvertidas del Tribunal Supremo Electoral (TSE). A menos de 24 horas del cierre de inscripción de candidaturas, el TSE inhabilitó al partido MORENA, que había sido el acuerdo del evismo para participar. Eso obligó a decenas de candidatos del bloque popular a buscar siglas alternativas en cuestión de horas.
También se inhabilitaron a última hora candidaturas relevantes como la de Mario Cosío en Tarija —quien finalmente quedó segundo— y se afectó a partidos como SOL y ASIP, cuyos candidatos figuraban entre los favoritos según encuestas previas. La discrecionalidad del tribunal también se evidenció en El Alto, donde el candidato ganador estuvo a punto de ser inhabilitado a menos de 48 horas de los comicios.
En las gobernaciones, las reglas establecen que se proclama ganador en primera vuelta quien obtenga el 50% más uno de los votos, o al menos el 40% con una diferencia de diez puntos sobre el segundo. De lo contrario, se realiza una segunda vuelta. Esto ocurrió en cinco de los nueve departamentos: Santa Cruz, Beni, Tarija, Chuquisaca y Oruro. En La Paz, pese a que correspondía una segunda vuelta, el segundo lugar declinó participar, generando una polémica que derivó en demandas judiciales sin éxito.
Fragmentación récord: de 122 a 181 siglas y ninguna fuerza hegemónica
El informe del CELAG destaca que la desaparición del MAS como eje ordenador de la política boliviana provocó una dispersión sin precedentes tanto en la izquierda como en la derecha. En las elecciones subnacionales de 2021 participaron 122 siglas; en 2026, esa cifra saltó a 181, lo que representa un incremento del 34%.
A nivel nacional, 152 de esas siglas (el 84% del total) no alcanzaron ni siquiera el 1% de los votos o superar los 50.000 sufragios en todo el país. Ninguna fuerza política logró ganar en más de dos gobernaciones. La distribución fue la siguiente:
Alianza Patria (gobierno de Rodrigo Paz): gobernaciones de La Paz y Beni.
Libre (Jorge “Tuto” Quiroga): gobernaciones de Pando y Santa Cruz.
Alianza Unidos por los Pueblos (AUPP): gobernación de Cochabamba.
Alianza Social: gobernación de Potosí.
Alianza Gente Nueva: gobernación de Chuquisaca.
Camino por el Cambio: gobernación de Tarija.
JACHA-JAKISA-SOL-FESORC: gobernación de Oruro.
Solo tres departamentos (Cochabamba, Potosí y Pando) definieron su gobernador en primera vuelta. El resto requirió una segunda vuelta el 19 de abril, con excepción de La Paz, donde la declinación del segundo puesto impidió el balotaje.
El campo popular: reorganización sin unidad, pero con triunfos en 161 municipios
Uno de los hallazgos centrales del CELAG es que, pese a la ausencia del MAS como sigla y a las trabas judiciales, el voto popular/indígena de izquierda no desapareció, sino que se reorganizó de manera fragmentada. Según el análisis, este bloque obtuvo victorias en al menos 161 municipios del país, a través de múltiples estrategias.
Por un lado, surgieron partidos o alianzas de alcance nacional que no pertenecen a la derecha. El caso más destacado es Movimiento Tercer Sistema, que ganó en 36 municipios. También AUPP logró la Gobernación de Cochabamba —con Leonardo Loza imponiéndose en 43 de los 46 municipios del departamento— y 12 alcaldías.
Por otro lado, el voto popular se refugió en siglas de alcance departamental o municipal. Entre ellas:
Unión por el Cambio (La Paz): 20 municipios.
Alianza Social: 12 municipios.
Soluciones con Todos (Cochabamba): 11 municipios.
JACHA-JAKISA-SOL-FESORC (Oruro): 8 municipios.
Innovación Humana (La Paz): 7 municipios, incluyendo la ciudad de La Paz con César Dockweiler.
Unidos (Cochabamba): 5 municipios.
ASP (La Paz): 5 municipios.
El informe también registra un fenómeno significativo: el voto nulo y blanco fue utilizado como herramienta de rechazo por parte del electorado popular/indígena ante la ausencia de candidaturas legítimas. En La Paz, la suma de votos blancos y nulos alcanzó el 23,5%, superando el 20% del candidato ganador en primera vuelta. En El Alto, ese porcentaje trepó al 28,72%, y en zonas rurales tradicionalmente masistas fue igualmente alto. En Oruro, el voto blanco y nulo (23,42%) se convirtió en la segunda “votación” más alta del departamento, por encima del segundo lugar (11,05%).
En departamentos como Potosí y Oruro, los ganadores del campo popular no estuvieron alineados con el evismo, lo que evidencia la diversidad interna de este bloque.
El gobierno de Rodrigo Paz: de la victoria presidencial a la debilidad territorial
Rodrigo Paz llegó a la Presidencia de Bolivia en noviembre de 2025 gracias a una alianza de sectores populares que en el pasado votaban por el MAS, junto con fracciones de la derecha. Sin embargo, las elecciones subnacionales mostraron que esa coalición no logró consolidarse en el territorio.
La Alianza Patria Unidos no ganó ninguna gobernación en primera vuelta. En La Paz obtuvo apenas el 20% de los votos, y la cancelación de la segunda vuelta le impidió disputar legítimamente ese departamento. En segunda vuelta, compitió en cuatro gobernaciones y solo ganó en Beni. A nivel municipal, solo conquistó 37 alcaldías en todo el país, y apenas una de las diez ciudades más pobladas: Trinidad.
El informe del CELAG subraya que “la proclamación de Luis Revilla sin una segunda vuelta lo proyecta para un ejercicio del poder con poca legitimidad”. Además, el vicepresidente Edman Lara, quien tuvo una alta visibilidad durante las elecciones generales y luego se distanció de Paz, se convirtió en una fuerza marginal durante los comicios subnacionales.
La debilidad del oficialismo se expresa también en los legislativos departamentales, donde la fragmentación obligará al presidente Paz a negociar con múltiples actores para implementar siquiera una de sus propuestas emblemáticas, como el 50/50, cuya aplicación sigue sin definición clara.
La derecha: seis gobernaciones y 135 municipios, pero sin proyecto nacional
El bloque de derecha —que incluye desde la Alianza Patria (de carácter heterogéneo) hasta partidos como Libre, PDC, Creemos, Demócratas, APB-Súmate y Vos— logró victorias en al menos 135 municipios del país y controla seis de las nueve gobernaciones: Santa Cruz, Beni, Tarija, Chuquisaca, Pando y La Paz (esta última en medio de la polémica por la ausencia de segunda vuelta).
Sin embargo, el CELAG enfatiza que ninguna fuerza de derecha logró erigirse como referente nacional. El partido Libre, que en 2025 fue el segundo más votado en primera vuelta de las elecciones generales con Jorge “Tuto” Quiroga, apenas ganó dos gobernaciones (Pando en primera vuelta y Santa Cruz en segunda) y 19 municipios, con solo una ciudad importante (Cobija).
El dato más impactante lo dio el partido Vos, que ganó apenas dos municipios, pero uno de ellos es el más poblado del país: Santa Cruz de la Sierra, donde Manuel Saavedra obtuvo más del 71% de los votos.
Otros partidos de derecha tuvieron presencia territorial acotada: PDC con 10 alcaldías, APB-Súmate con 7, Creemos con 6 y Demócratas con 6.
El informe concluye que “no hay una fuerza política de derecha que haya logrado convertirse en referente a nivel nacional. Tampoco logra surgir un proyecto regional ni de país claro desde este campo político”. La derecha acudió a los comicios igualmente fragmentada, con múltiples opciones partidarias sin coordinación nacional.
Escenario futuro: gobernabilidad compleja y necesidad de acuerdos permanentes
El análisis del CELAG advierte que el panorama poselectoral es de alta complejidad para la gobernabilidad en los tres niveles del Estado. Tanto en las gobernaciones como en los municipios, la mayoría de los órganos legislativos departamentales y concejos municipales están compuestos por múltiples fuerzas sin mayoría propia.
Esa fragmentación obligará a los nuevos gobernadores y alcaldes a tejer acuerdos permanentes para aprobar presupuestos, planes de desarrollo y ordenanzas. A nivel nacional, el presidente Rodrigo Paz enfrenta el desafío aún mayor de construir puentes con una oposición dispersa pero numéricamente relevante, así como con sectores del campo popular que no se sienten representados por su gestión.
La propuesta estrella de Paz, conocida como 50/50 —cuyos detalles no han sido completamente aclarados— requerirá de consensos legislativos que, con el actual mapa de fuerzas, parecen difíciles de alcanzar en el corto plazo. El CELAG subraya que “el presidente Paz también tendrá que generar pronto mecanismos para llegar a acuerdos con una amplia variedad de vertientes políticas, si quiere llevar a la práctica propuestas como el 50/50”.
En definitiva, según el CELAG, Bolivia sale de estas elecciones con un sistema de partidos más atomizado que nunca, sin un eje ordenador claro ni a la izquierda ni a la derecha, y con una ciudadanía que en varios territorios expresó su descontento a través del voto nulo y blanco. La gobernabilidad, advierten los analistas, será el principal campo de batalla en los próximos meses.
