Cuando la justicia se vuelve escenario
En el contexto del caso venezolano, entre acusaciones sin sustento, escenografías punitivas y silencios cómplices, vuelve a ponerse en disputa el derecho de los pueblos a decidir su destino
Esta historia no empieza ni en Caracas, ni en Nueva York, ni en La Haya. Empieza con el poder bruto, hoy en manos de Donald Trump; le habla al planeta como si tuviera patente de corso.
Se atribuye guerras “terminadas”, se queja de premios que cree merecer y, sobre todo, se arroga la facultad de decidir el destino de otros pueblos. No actúa en soledad; lo hace porque puede; ha comprobado, una vez más: la comunidad internacional protesta, condena, emite declaraciones… y luego se detiene.
En ese contexto se inscribe la comparecencia del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores ante una corte federal en Nueva York, a donde fueron trasladados bajo custodia, esposados, vestidos con el uniforme reservado a los reclusos comunes, como parte de una escenografía cuidadosamente calculada.
La imagen –difundida con celo por los circuitos mediáticos– buscaba reducirlos a la condición simbólica de derrotados, de cuerpos sometidos. Sin embargo, ni la humillación ritual ni la puesta en escena carcelaria lograron quebrar la firmeza del presidente venezolano ni de la primera combatiente. Ambos comparecieron sin gestos de........

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