No aprenden
Cada nueva amenaza o provocación nos une más. Y aquí seguimos. He ahí la gran verdad
Yo no sé si la actual administración de Estados Unidos –como las anteriores- ha olvidado cientos, miles de momentos asociados a amenazas suyas, las cuales -lejos de intimidar, asustar, dividir o fraccionar- terminaron catalizando con más fuerza la unidad, la decisión de seguir más aferrados a nuestros principios, a nuestra historia.
No acaban de entender que en este país sigue predominando la disposición de morir peleando o más real aún: de seguir peleando (venciendo) sin morir?
He vuelto a respirar ese ambiente en el contexto de las nuevas amenazas de Trump y de su servil lacayo Marco Rubio, con presencia de buques de guerra al norte de Cuba, provocaciones, bloqueo energético y otras intimidaciones, que no por vaticinar el desplome inminente de la Revolución alteran sueño en quienes continuamos durmiendo seguros.
Por tales amenazas, más bien pudiéramos transmitirles nuestras más criollas y sinceras gracias.
Si su Oficina de Intereses en La Habana, pendencieros mecanismos y soplones que desde acá truecan mentiras por billetes, no les tuercen la realidad, se habrán percatado de que otra vez han vuelto a levantar ánimos dentro de la sociedad cubana y a reactivar los mismos principios y convicciones que a lo largo de la historia –incluso antes de 1959- ellos han pretendido cercenar… sin éxito.
Su ceguera les impide percibir que al recrudecer su hostil política nos están dando un nuevo “empujoncito” para continuar en cuadro apretado, hombro con hombro, mano con mano y, a la vez, crece el rechazo del mundo hacia ellos y aumentan la admiración y la solidaridad hacia nosotros.
Así ha ocurrido siempre. Si hay un culpable, alentador, instigador de la fortaleza de nuestro pueblo, es el propio gobierno norteamericano, sus consecutivas administraciones, sin excepción.
Veamos: ¿Qué sucedió cuando una ingrata mano hizo explotar unos petarditos aquel 28 de septiembre de 1960 mientras Fidel le hablaba a un mar de pueblo, congregado junto al Palacio Presidencial? Sencillo: risas, surgimiento de los CDR, más unidad…
Idéntico efecto (integrador, multiplicador) tuvieron cientos de sabotajes (remember La Coubre), intentos de atentados, actos terroristas, bandas contrarrevolucionarias, cruciales días de la Crisis de Octubre, Girón, guerra bacteriológica, fiebre porcina, Barbados, Tarará, bloqueo, Helms-Burton, Torricelli, Elián, los Cinco…
Y nada, aquí estamos; aquí seguimos.
Me gustaría saber qué dictaminaron, a qué conclusión arribaron los tanques pensantes del imperio, tras el desbordamiento humano en la capital cubana y en todas las provincias en ocasión del póstumo homenaje a los 32 combatientes que cayeron durante la agresión imperial contra Venezuela, enfrentando un número muy pero muy superior de efectivos atacantes, armas y medios diseñados para matar sin escrúpulo en nombre de la democracia, de la lucha contra el narcoterrorismo y de un sinnúmero más de mentiras que ni sus propios secuaces creerían.
Señor emperador (¡vaya egolatría de poder!), haga, al menos por una vez lo que –al parecer- jamás ha hecho en su vida: piense, razone, aprenda. Cuba no se arrodilla, compadre; no se rinde, no claudica.
Cuba, EEUU, política, sociedad
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