Más allá de la guerra: la Pascua mantiene viva a Ucrania
Tradiciones, símbolos y memoria de una celebración que sobrevivió a imperios, persecuciones y hoy persiste bajo las bombas.
En medio del ruido constante de misiles, destrucción y titulares de guerra, detenerse en la Pascua en Ucrania no es un gesto menor: es una forma de comprender qué es lo que, en última instancia, se está intentando preservar.
Porque más allá del frente, hay una cultura profundamente arraigada en rituales, símbolos y prácticas que han sobrevivido a imperios, ocupaciones, hambrunas y regímenes represivos.
La Pascua, “Velykden” (Великдень), literalmente “el Gran Día”, es probablemente la festividad más importante del calendario religioso y cultural ucraniano. Su peso no es solo espiritual: es identitario, comunitario y, en muchos sentidos, político.
Una tradición que antecede al cristianismo
Aunque la Pascua es una celebración cristiana vinculada a la resurrección de Cristo, en Ucrania sus raíces son mucho más antiguas. Antes de la cristianización de la Rus de Kyiv en el año 988, las comunidades eslavas ya celebraban la llegada de la primavera con rituales ligados a la fertilidad, el renacimiento de la naturaleza y el ciclo agrícola.
Con la adopción del cristianismo, estas prácticas no desaparecieron, se resignificaron. El resultado es una de las características más distintivas de la cultura ucraniana, la superposición de capas simbólicas, donde lo pagano y lo cristiano conviven sin conflicto y se amalgaman a un perfil cultural.
El huevo, por ejemplo, ya era un símbolo de vida y renovación mucho antes del cristianismo. Con el tiempo, pasó a representar la tumba vacía y la resurrección. Este tipo de integración no es anecdótica, explica por qué muchas tradiciones pascuales ucranianas tienen una densidad simbólica que va más allá de lo religioso.
La Pascua no es un evento aislado, sino el punto culminante de un proceso. La Semana Santa está marcada por una combinación de ayuno, limpieza ritual y preparación doméstica.
Durante la Cuaresma, especialmente en su fase final, se observa un ayuno estricto, se evita el consumo de carne, lácteos y, en muchos casos, incluso aceite. Pero el ayuno no es solo alimentario, también implica introspección, reconciliación y orden espiritual.
El Jueves Santo tiene un significado particular, es el día de la limpieza, la purificación. Las casas se ordenan profundamente, se lavan íconos, se ventilan espacios. La lógica es clara, no se puede celebrar la resurrección sin antes purificar el entorno.
El Viernes Santo es el día más solemne. No se cocina, no se celebra. Es un día de duelo.
Y luego llega el sábado, el momento de la transformación.
Uno de........
