Cuando la literatura va a la cárcel
A nadie parece hacerle sentido la ecuación: cultura educación oportunidad laboral = reinserción y seguridad pública.
Mi amiga, la poeta y educadora Alejandra del Río, afirma de manera metafórica que en Chile existen dos países: el país penitenciario y el país de los privilegios.
El país penitenciario, al contrario de lo que podríamos pensar, es custodiado por uniformados que se refieren a las cárceles donde trabajan no como un país, sino como una casa: su casa. En esa elección del lenguaje desconocen el carácter público de los espacios de privación de libertad.
En este escenario, la cultura se transforma en un privilegio incómodo, no siempre bienvenido. Al parecer, atentaría contra la seguridad de estos recintos.
En estas “casas”, sus dueños, de manera literal y no metafórica, dejan entrar la cultura cuando quieren, suspenden actividades sin previo aviso y muchas veces discriminan aquello que desconocen.
Sin embargo, abren las puertas de par en par cuando se trata de cultura de masas que, a diferencia de la literatura, no conlleva ningún riesgo para la seguridad carcelaria.
A continuación, una transcripción autocensurada de diálogos que he sostenido con autoridades penitenciarias a propósito de algunas negativas a esta incómoda........
