La democracia no se acaba en el voto: fiscalizar a nuestros empleados es un deber
Mucho se habla de la democracia y de que los políticos solo aparecen cada cuatro años. Vale la pena invertir la pregunta ¿no seremos también nosotros, los ciudadanos, quienes solo nos acordamos de ellos cada cuatro años? Como dice el viejo refrán, ¿de quién es la responsabilidad: del chancho o de quien le da el afrecho?
La democracia no puede limitarse al día de la elección. El voto es esencial, pero constituye apenas el comienzo de la responsabilidad ciudadana. Luego viene la tarea más larga y menos vistosa: fiscalizar a nuestras autoridades, vigilar cómo se administran los recursos públicos, exigir explicaciones y denunciar cuando los hechos puedan constituir una irregularidad.
No resulta coherente quejarse de que “nadie hace nada” cuando quien lo dice tampoco hace nada, más cuando disponemos de mecanismos para actuar. Podemos solicitar información pública, revisar compras y transferencias estatales, denunciar ante la Contraloría, entregar antecedentes a la Fiscalía y recurrir a los tribunales cuando corresponda. Las instituciones existen para ser parte de la solución, no solamente para pagar sueldos -que muchas veces son excesivos-.
Tampoco sirve justificar la delincuencia mediante explicaciones sociales........
