Del "apoyo al pueblo" a la máxima presión: la narrativa de EEUU sobre la República Islámica de Irán
En un mundo donde la estrategia de seguridad nacional estadounidense se define cada vez más por la "competencia entre grandes potencias", Irán ya no es solo un asunto regional, sino parte del tablero de ajedrez global.
La política de Estados Unidos hacia Irán, especialmente durante la era Trump, se ha enmarcado discursivamente en un lenguaje familiar pero peligroso: el del “apoyo al pueblo”, los “derechos humanos” y la “necesidad moral” de la presión.
Este lenguaje, que en la literatura de política exterior estadounidense suele describirse como “intervención humanitaria” o “responsabilidad de proteger”, se ha utilizado durante mucho tiempo para justificar presiones, sanciones, operaciones encubiertas e incluso guerras a gran escala.
Desde los Balcanes en la década de 1990 hasta Afganistán, Irak, Libia y Siria, las sucesivas administraciones estadounidenses han intentado repetidamente presentar las acciones coercitivas no solo como la búsqueda de intereses nacionales, sino como esfuerzos morales para salvar a las naciones de la tiranía, la represión y la catástrofe humanitaria.
Sin embargo, la experiencia histórica demuestra que este lenguaje moral ha servido con mucha más frecuencia como instrumento discursivo para legitimar proyectos basados en cálculos geopolíticos y geoeconómicos rigurosos que como una auténtica guía para la formulación de políticas.
En el caso de Irán, la situación no difiere fundamentalmente de este patrón general. Si bien los funcionarios estadounidenses enfatizan constantemente que «nuestro problema no es con el pueblo iraní, sino con el régimen iraní», y aunque las sanciones y la presión se presentan discursivamente como herramientas para «apoyar al pueblo» y «elevar el costo de la represión», en realidad, la política estadounidense debe entenderse dentro de un marco mucho más amplio: el de la competencia entre grandes potencias, la construcción del orden regional en Asia Occidental, la preservación de la posición estratégica de Israel y, sobre todo, la contención de China y Rusia.
En realidad, en esta constelación, Irán no es un problema de derechos humanos ni un problema nuclear; es un nodo estratégico ubicado en la intersección de varias líneas principales de competencia global.
Desde la perspectiva de Washington, Irán es un actor que desafía el orden diseñado por Estados Unidos en la región: a través de su influencia regional, su oposición........
