Liviandad, palabrería y escasez de ideas en la política: es tiempo de revertir esta dinámica infernal
En todas las esferas de la sociedad, expresar opiniones implica fundamentarlas. Esto es aún más válido para quienes asumen responsabilidades políticas. Las ideas deben sustentarse en elementos técnicos y, en la medida de lo posible, generarse mediante un método de razonamiento inductivo que contraste lo afirmado con una realidad observable y medible; la mejor manera de evitar explicaciones ideológicas sin respaldo empírico.
En las verdaderas democracias no existe la unanimidad, sino espacios donde circulan argumentos. El pluralismo no es pensar igual, sino aceptar que nadie tiene el monopolio de la verdad y que las mejores decisiones suelen surgir de la confrontación entre distintas posiciones.
Intercambiar opiniones, emitir juicios, proponer, objetar… y hacerlo con mucha pasión es aceptable y saludable. Como en muchos aspectos de la vida, es preferible cierta vehemencia en los propósitos que carecer de entusiasmo, antesala de la indiferencia. A la larga, del debate que confronta posiciones, las instituciones suelen salir fortalecidas.
La erosión intelectual de la política
En la indesmentible crisis del debate político chileno, lo primero que se observa es su pobreza intelectual. Es un deterioro lento, casi imperceptible en sus comienzos, pero que hoy resulta evidente. Las bases filosóficas y doctrinarias, que durante décadas daban identidad a las corrientes políticas, se han ido erosionando hasta desaparecer prácticamente.
Frente a los problemas del país y ante la aparición de nuevos y complejos desafíos, los actores han ido perdiendo su capacidad de análisis, y sus prácticas habituales contribuyen a deslegitimarlos ante la ciudadanía. En los últimos años, la confrontación de ideas entre gobierno y oposición da paso a descalificaciones y a la búsqueda compulsiva de exhibirse, incluso con excéntricos disfraces.
Antes de caer en esta crisis, las diferencias entre los sectores eran sustanciales, pero se debatían con otros argumentos. La dictadura y la transición, el........
