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Anne Carson: La poesía como salón de baile

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friday

El tema en primer plano de La belleza del marido. Ensayo narrativo en 29 tangos (Knopf, 2002, Lumen 2003), es de lo más común y corriente a estas alturas: el matrimonio, el divorcio, los por qué, para qué, cómo, cuándo, con quién, etc., en una especie de afluente o desvío de un contenido sempiterno de la literatura y la lírica en especial: el des/amor. Lo no corriente es la compleja morfología del texto que se exhibe como un otro contenido interesante (si no principal) que podría comentar en alguna de sus aristas.

Lo primero es que se trata de una reflexión metapoética de largo alcance que dispone escenarios textuales desde el origen mismo del tema: la especulación metafísica griega (Parménides), describiendo un tránsito histórico hacia el filtro del arte, la literatura y las elaboraciones postestructuralistas: intertextualidad, rizoma, deconstrucción, muerte del autor, todo está aquí poetizado en mayor o menor grado por medio de la relación marido/mujer en el papel de vehiculadores y signos interrogados.

El escrito se desplaza –a pasos de baile– en el borde de lo que podemos seguir denominando poema, es decir, está abierto a cuestionar su pertenencia, o a suspender la atribución lineal en el entendido de que será la experiencia de lectura la que consumará la tal identidad, o la dejará en vilo el tiempo que sea necesario. Así, la palabra ensayo inscrita en el título funciona más que como un distractor o un algo fuera de género, como el anuncio de un híbrido o experiencia de lectura transgénero, una práctica no poco familiar en la tradición poética como lo atestigua la ya más que centenaria La tierra baldía.

El numeral I anota en el extenso título: “Dedico este libro a Keats (¿fuiste tú quien me dijo que Keats era médico?) por la razón de que una dedicatoria tiene que estar necesariamente viciada si un libro aspira a mantenerse libre y también por su completa dedicación a la belleza” (en altas). En consecuencia, el texto en su desarrollo argumental carea el pareado “La belleza es verdad, la verdad es belleza”, de la célebre “Oda a una urna griega”.

Hay que decir que este límpido e inocentón enunciado del pálido Keats es de más cuidado de lo que parece, ya que hay aquí correlaciones de fuerza basales de un determinado tipo de poder. Por ejemplo, en su adscripción dura, entronca con el catálogo de los “trascendentales” de la Summa de Santo Tomás de Aquino con toda complacencia, una trama especulativa dogmática negadora de la diversidad y lo plural. Entre........

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