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La cuadratura del círculo de Kast: ¿Cómo armonizar a Quiroz y Poduje?

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20.07.2026

El jueves 16 de julio, a las 2:40 de la madrugada, el ministro de Hacienda consiguió por 26 votos contra 24 la mayor victoria legislativa del gobierno. Casi nadie la vio. Durante esas mismas horas, el ministro de Vivienda ocupaba la escena pública con un mapa de veintidós puntos críticos ante el temporal más severo del invierno. Todos lo vieron. Uno tiene poder y carece de representación; el otro representa al gobierno sin controlar su estructura. Resolver esa fractura es el principal desafío de José Antonio Kast.

Hay fotografías que explican un gobierno mucho mejor que sus programas, sus discursos y sus documentos estratégicos. El gobierno lleva meses buscando la fotografía de su identidad, pero en realidad la fotografía la viene produciendo la paradoja cinematográfica de Quiroz y Poduje.

Fijemos las horas. El miércoles 15 de julio, a las tres de la tarde, la Sala del Senado comenzó a votar en particular, artículo por artículo, el proyecto de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social, la megarreforma que el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, presentó como el corazón económico del gobierno.

La sesión terminó a las 2:40 de la madrugada del jueves 16: casi doce horas continuas de indicaciones, reservas de constitucionalidad y votaciones estrechas, cerradas con un respaldo general de 26 votos a favor y 24 en contra. La invariabilidad tributaria se aprobó por 26 votos contra 23 y una abstención; la restitución de gastos a empresas cuyos proyectos hayan perdido su calificación ambiental, por 26 contra 24. Con eso, la iniciativa completó su segundo trámite y quedó despachada a la Cámara de Diputadas y Diputados.

Durante esas mismas horas, el país miraba otra cosa: la llegada de un sistema frontal reforzado por un río atmosférico categoría cinco, con diez regiones del país en alerta preventiva, anunciado como uno de los eventos meteorológicos más significativos del invierno.

Y quien le puso rostro a esa espera no fue el ministro del Interior, ni el titular de Obras Públicas, ni la dirección del Senapred. Fue el ministro de Vivienda, Iván Poduje, que desde el martes 14 —flanqueado por el delegado presidencial metropolitano, Germán Codina— desplegó ante las cámaras el inventario de la amenaza: veintidós puntos críticos en la Región Metropolitana, catorce puntos bajos prioritarios y ocho pasos bajo nivel; veintidós cuadrillas de emergencia; ocho camiones hidrojet para limpiar colectores; veintidós motobombas; un centro de monitoreo instalado en el Serviu Metropolitano. Nombró comunas —Maipú, La Florida, Recoleta, Lo Espejo, San Bernardo, Cerrillos, Renca—, nombró colectores, nombró cruces ferroviarios.

El miércoles informaba la evacuación preventiva de un campamento en la ribera del Mapocho, en Talagante; el miércoles mismo, en los cerros de Viña del Mar, anunciaba una tarjeta de materiales para la zona incendiada, agradecía los sacos de arena de la alcaldesa Ripamonti y prometía pavimentar las calles de tierra de la población en treinta días, con novecientos millones de pesos del Plan de Reconstrucción.

Una escena ocurría en el Congreso. La otra, ante las cámaras. Una ocurría en el fondo del poder. La otra, en su superficie.

Quiroz había realizado una operación política extraordinariamente difícil. Había tomado un proyecto resistido desde su origen —presentado por el Presidente en cadena nacional a mediados de abril como un paquete de cuarenta medidas—, acusado por la oposición de ser una reforma tributaria encubierta bajo el ropaje de la reconstrucción, tensionado por indicaciones parlamentarias, sometido a las comisiones de Hacienda, Trabajo y Medio Ambiente, y dependiente de una mayoría de un voto. Había debido aceptar la mesa de diálogo que promovió la presidenta del Senado, Paulina Núñez, después de haberla resistido; ingresar indicaciones, retirar otras, tolerar reservas de constitucionalidad de los senadores De Urresti, Pascual e Ibáñez, y escuchar a la oposición anunciar que llevará el texto al Tribunal Constitucional.

Es difícil imaginar una tarea más política. Y, sin embargo, la política pareció ocurrir en otra parte.

Poduje no era el encargado del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres. No era ministro del Interior, ni de Obras Públicas, ni director del Senapred, organismo que por lo demás manejaba su propio catastro: ciento setenta y cinco puntos de muy alto riesgo en la Región Metropolitana. La emergencia preventiva se conducía formalmente desde Interior y comprometía a numerosas instituciones. El Ministerio de Vivienda tenía, por supuesto, funciones concretas: las ciudades se inundan, los colectores colapsan y los campamentos suelen estar ubicados precisamente donde la geografía se convierte en amenaza —en Valparaíso, el Minvu notificó riesgo a cerca de siete mil familias—. Pero fue Poduje quien encontró la forma política de la emergencia: Sacó un mapa.

El Senapred tenía ciento setenta y cinco puntos; Poduje mostró veintidós. La diferencia no es información: es legibilidad. Un mapa es un instrumento extraordinario. Transforma el peligro abstracto en territorio. Convierte una lluvia futura en lugares concretos. Da nombres. Establece prioridades. Organiza la ansiedad. Le dice al ciudadano que el Estado sabe dónde puede ocurrir el desastre y que, por tanto, quizás también sepa qué hacer cuando ocurra.

Es política y por tanto un mapa no es simplemente un mapa. Mapa mediante, Poduje se erigía en superministro.

Dos victorias distintas

Jorge Quiroz obtuvo una victoria de fondo. Iván Poduje obtuvo una victoria de escena.

El problema del gobierno de José Antonio Kast es que ambas victorias no se acumulan. Ocurren en paralelo. Incluso pueden neutralizarse o convertirse en ruido.

Quiroz y Poduje son trayectorias muy distintas, pero con origen político semejante. En tercera línea del mundo concertacionista, ambos fueron construyendo. No su estructura, pero sí su ambición. Y aprendieron a jugar el juego.

Quiroz es probablemente el ministro con mayor poder estructural del gabinete, y no por accidente. Ingeniero comercial de la Universidad de Chile, doctor en Economía en Duke, fundador en 2001 de la consultora Quiroz & Asociados —desde la cual declara haber participado en cerca de mil quinientos informes, incluidos peritajes de parte en litigios tan ásperos como las colusiones de farmacias y de pollos—, fue coordinador económico de la campaña desde julio de 2025 y su nombramiento se anunció en enero de 2026, antes incluso de que renunciara a la mesa de la Bolsa de Santiago.

Si Quiroz ha llegado a Ministro de Hacienda es porque la confianza del presidente es absoluta. Su articulación con el segundo piso es sólida. Ninguno de los dos rasgos son propios de Poduje, un ministro que estuvo hasta el final condicionado en el cargo por el temor a sus desplantes.

¿Se necesitan pruebas de que Quiroz era primero entre sus pares? Desde antes del cambio de mando se atribuyó a Quiroz el diseño de una suerte de supraministerio con injerencia sobre Trabajo, Economía, Medio Ambiente, Energía y Minería. Dos días antes del 11 de marzo, ya había anunciado un recorte del tres por ciento del presupuesto de todos los ministerios, primera cuota de su compromiso mayor: reducir el gasto fiscal en seis mil millones de dólares en dieciocho meses. Su cargo controla el presupuesto, condiciona la agenda legislativa, define el margen del resto de las carteras y ejerce una influencia que excede ampliamente las fronteras de Teatinos 120.

El mundo empresarial lo sabe desde el primer día: Jorge Quiroz es el Ministro de Hacienda más poderoso desde 1990. O quizás más atrás.

La encuesta Cadem de la última semana de junio dibujó la paradoja. Un 54 por ciento identifica a Quiroz como el ministro más influyente del gabinete, muy por encima del segundo, Martín Arrau (34), del propio Poduje (33) y del ministro del Interior, Claudio Alvarado (21). Pero en la evaluación ciudadana los mejor calificados son Alvarado (54 por ciento) y Poduje (53), mientras Quiroz ha llegado a registrar la desaprobación más alta del gabinete, con un 53 por ciento en mediciones previas. Un mismo instrumento, dos rankings, dos ministros.

La distinción es perfecta.

Uno (Quiroz) es el más influyente y poderoso. El otro........

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