¿Puede el progresismo construir un nuevo motor de crecimiento?
Hace algunos días leí la entrevista de Daniel Hopenhayn a Nicolás Eyzaguirre publicada por Democracia UDP. Con Nicolás compartimos gabinete y comité político durante el segundo gobierno de la presidenta Michelle Bachelet y, debo decirlo, tuvimos importantes diferencias respecto de varias decisiones que nos correspondió adoptar.
Precisamente por eso me llamó la atención encontrar varias coincidencias con algunas ideas que he venido planteando sobre los desafíos de la izquierda chilena, a partir de la discusión abierta por Abundance, el libro de Ezra Klein y Derek Thompson.
Se trata de aproximaciones distintas. Eyzaguirre pone el acento en las transformaciones de la economía mundial y en el agotamiento del ciclo de crecimiento que acompañó a Chile durante varias décadas. Mi reflexión parte de otro lugar: de la necesidad de que la izquierda complemente su preocupación por distribuir, regular y proteger con una nueva capacidad para producir, construir, innovar y generar prosperidad.
Pero ambas terminan encontrándose en una pregunta fundamental: ¿De dónde provendrá la riqueza que queremos distribuir?.
Eyzaguirre lo plantea provocativamente cuando afirma que la historia de los fracasos de la izquierda está marcada por los intentos de “redistribuir sin motor”. No existe una política redistributiva sostenible si no somos capaces de aumentar simultáneamente la productividad, la inversión y la creación de riqueza.
Ahí aparece nuestra primera coincidencia: la izquierda necesita reconciliarse con el crecimiento. Y eso significa algo más que agregar un capítulo económico a nuestros programas. Supone recuperar una valoración positiva de la inversión, la innovación, el emprendimiento, la tecnología y la creación de riqueza, y establecer una nueva relación con el mundo productivo.
También coincidimos en la necesidad de un Estado más capaz. Durante demasiado tiempo hemos medido su vocación transformadora por los recursos que........
