50 años de la Noche de los Lápices
Hace 50 años el Terrorismo de Estado que se apropió del poder en la Argentina con el golpe cívico-militar-eclesiástico en 1976 -como lo denominó la valiente Norita Cortiñas- buscó exterminar a la vanguardia obrera y destruir sus lazos con un combativo movimiento estudiantil que florecía en las universidades y los colegios secundarios de todo el país.
El mes de septiembre de 1976 quedará en la historia como uno de los más oscuros de la historia del movimiento estudiantil secundario en la Argentina. En la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, los grupos de tareas conducidos por el jefe de la policía bonaerense, el sanguinario general Ramón Camps, secuestraron el día 8 a Gustavo Calotti (18 años). Dos días después, irrumpieron en la casa de Víctor Treviño. Ambos compañeros del Colegio Nacional de La Plata y militantes de la Juventud Guevarista.
La noche oscura que trascendió a la historia fue la madrugada del 16 de septiembre, cuando desaparecieron seis estudiantes secundarios más. Todo comenzó la noche del 15, cuando fueron a buscar a Claudio de Acha, estudiante de 18 años. Había empezado a militar en la UES hacía dos años. Estaba en el último año del Colegio Nacional. Luego fueron por María Claudia Falcone, de 16 años, y María Clara "La Cieguita" Ciocchini, de 18, ambas compañeras del Bachillerato de Bellas Artes. En simultáneo secuestraban a Horacio "Guille" Ungaro, de 17, y Daniel "Calibre" Racero, de 18. Todos ellos eran militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).
A las 5:30 am la cacería "terminó" en la casa de Francisco "Panchito" López Muntaner, de 16 años. Terminó, al menos, por un rato. No fue el último. El 17 de septiembre fueron secuestradas Emilce Moler y Patricia Miranda, ambas del Bellas Artes. Lo mismo le sucedió a Pablo Díaz, militante de la Juventud Guevarista, el 21 de septiembre.
El recorrido de la tortura
Los jóvenes de "La Noche" tuvieron como primera parada hacia el camino del infierno el Pozo de Arana, uno de los centros clandestinos de tortura, detención y exterminio que formaron parte del Circuito Camps, una red de 29 centros que funcionaron bajo jurisdicción de la policía bonaerense. Por allí pasaron más de 300 detenidos-desaparecidos, entre ellos militantes políticos, estudiantes y embarazadas.
El 23 de septiembre los trasladaron. Los caminos de Claudio, Horacio, Panchito, Daniel, María Claudia, María Clara, Pablo y Emilce se dividieron.
A algunos los llevaron al Pozo de Quilmes, donde los recibieron con una brutal golpiza, como declaró Emilce años después. A otros, al Pozo de Banfield. Allí Pablo Díaz se reencontró con sus compañeros del Colegio Nacional. Forjó una amistad entre celdas con María Claudia. Después de la Navidad de ese año, lo trasladaron. Antes de eso, pidió despedir a Claudia, quien le pidió que le avisara a su familia y brindara cada fin de año por ella. Fue el último lugar donde la vieron con vida.
Años después, en la Unidad 9 de Vicente López, donde Díaz estuvo detenido hasta 1980, el teniente coronel Carlos Sánchez Toranzo le confesó que los pibes fueron fusilados en enero del ’77, "ni bien se fue". Nunca encontraron sus cuerpos. Al día de hoy continúan desaparecidos.
La lucha de los secundarios en los ‘70
La brutalidad de la dictadura contra las organizaciones políticas del movimiento estudiantil se explica en su rasgo distintivo de rebeldía y combatividad. Lejos de ser "jóvenes idealistas", eran una generación cruzada a fuego en la lucha por la revolución y por una transformación social de raíz del sistema de explotación capitalista. Tanto los militantes adheridos a alguna organización política como los independientes. Una generación conmocionada por la gesta obrera y heroica del Cordobazo, que en mayo de 1969 marcó el comienzo de una profunda crisis social y política del régimen, que implicó el punto de inflexión y el fin de la dictadura de Onganía.
A principios........
