Pidiendo disculpas a la mona
Todas las palabras se pueden decir, aunque muchas conviene callárselas. Muchas cargan una historia tan pesada que, al pronunciarlas, la reactivamos y la hacemos respirar otra vez. Por eso, cuando escuché el coro de «fuera la mona» en aquel acto en Madrid, supe que había algo mucho más profundo que entusiasmo político. Escuché un eco demasiado viejo. Un eco que tiene muchos nombres propios. Y lo voy a ilustrar con un solo ejemplo. Con el de Ota Benga.
A comienzos del siglo XX, Ota Benga, un hombre pequeño mbuti del entonces Estado Libre del Congo, fue llevado a Estados Unidos y exhibido como curiosidad humana. Primero en la Exposición Universal de Saint Louis, en 1904. Luego, en 1906, en el Zoológico del Bronx. Sí, un zoológico. Allí fue colocado junto a un orangután, en la llamada Monkey House, como si su humanidad fuera una hipótesis dudosa. Quizá, hoy en día, pueda interpretarse como un error de época lo que en realidad ya era un proyecto ideológico, comercial y político.
Ese proyecto fue iniciado en el siglo 15 con la oleada de esclavizados con la que se materializó una jerarquía de los cuerpos que siempre ha necesitado demostrar, exhibir, teatralizar la inferioridad del otro. Nunca ha bastado con dominarlo. Hay que gritarla. Hay que convertirla en espectáculo. Casi un siglo después, uno podría pensar que ese tipo de prácticas quedaron........
