Argumentos a favor del incremento salarial (II)
Apoyándonos en el esfuerzo personal, a favor del estudio y comprensión de la economía venezolana y de la teoría económica más seria y moderna, hemos rechazado consistentemente el criterio de quienes se oponen a cualquiera actualización de los sueldos en nuestro país. Estos últimos, basándose en una teoría económica neoclásica -prekeynesiana la llamaríamos- defienden la posición de que el alza salarial debería estar condicionada "si y sólo sí" a un alza de la producción o productividad.
Para nosotros, el alza de los salarios se autofinancia -especialmente- en condiciones en las que existe capacidad para incrementar la producción y este incremento de la producción sólo se producirá motivado en un incremento de la demanda agregada (o social), sustentado necesariamente en un incremento significativo de los salarios. El lector, seguramente, alcanzará a ver fácilmente el razonamiento circular y la conexión evidente que existe entre las variables incremento salarial-aumento de la demanda agregada (total o social)-incremento de la producción/productividad. Un incremento de los salarios iniciaría en nuestra opinión una serie de gastos derivados que traerían como consecuencia el incremento del empleo y el ingreso en varios sectores de la economía nacional que, al final equivaldrían a una suma superior a la del gasto inicial en el incremento de salarios. E, igualmente, el incremento de la actividad económica favorecería el incremento de los ingresos estatales vía pago de impuestos derivados del incremento del ingreso y el gasto agregados. Por tal razón, nos parece más que inconveniente y muy equivocado el razonamiento aparente de los defensores de la posición de mantener congelados los salarios.
Mucho más equivocado nos luce la posición de congelar los salarios, que no son otra cosa que el precio de la fuerza de trabajo, ya que contrasta con la liberación de los demás precios de la economía. En particular, los precios al consumidor han aumentado más de 98 mil por ciento, desde 2021 hasta febrero de 2026, de acuerdo con las cifras oficiales de variaciones de los precios al consumidor. Y esto, en condiciones en las que el salario no ha tenido incremento alguno o, si acaso, ha experimentado uno muy bajo; especialmente, si les comparamos contra el gran incremento de los precios al consumidor. Esta variación de los precios, de hecho, ha superado también el incremento de la divisa. Los precios al consumidor han superado en más de 6 mil por ciento la devaluación relativa del bolívar durante el mismo período. Adicionalmente, ya el bolívar ha perdido la mitad de su poder de compra nada más los primeros dos meses de este año. Por lo que luce en nuestra opinión más que necesario -hasta matemáticamente necesario- ajustar los salarios y el retraso en adoptar decisiones en este sentido perjudica la economía nacional.
De hecho, la decisión de congelar los salarios reafirma la idea de que el trabajo es la fuente de todo valor y, en particular, del excedente económico y que, es la diferencia entre el precio de la fuerza de trabajo y el valor generado por éste a lo largo de la jornada laboral, lo que determina el tamaño del excedente económico a disposición de los dueños de empresas y el Estado. De lo contrario, no se entiende este trato diferencial entre quienes poseen sólo fuerza de trabajo y quiénes son dueños de cualquiera otro activo (dinero o divisas, inmuebles, empresas, cualesquiera otros títulos o acciones, etc.)
El congelamiento del precio de la fuerza trabajo, viola una sencilla ley mercantil que supone que toda mercancía debe venderse por lo que cuesta y que la violación de esta sencilla regla amenaza la posibilidad de reproducir o reponer dicha mercancía. Por lo que, la congelación del precio de la fuerza de trabajo limita las posibilidad de reponerla a las condiciones que aseguran su adecuado rendimiento y productividad; por lo que, la decisión de mantener congelados los salarios provocará una disminución de nuestras capacidades productivas no sólo a corto sino en también a largo plazo. Y seguimos sumando razones o argumentos para revisar este desacierto.
Se equivocan igualmente quienes defienden congelar los salarios al subordinar esta decisión a un incremento de los precios petroleros, como si fuera con el incremento de ingresos fiscales por esta vía que sólo pudiera financiarse un aumento salarial. Como si el incremento de salarios debiera depender exclusivamente de la generación de divisas por parte del Estado, como si el incremento de salarios se hiciera en divisas. Si bien esta última condición -la mejora de los ingresos petroleros, condición además muy probable- podría facilitar la adopción de un reajuste salarial, así como cualquier otra condición que favorezca una mejora de nuestras cuentas externas lo haría, por ejemplo, un alza de las exportaciones del sector privado y no petrolero. No debe escapársenos la idea de que, lo que buscamos es un incremento neto de la demanda de productos en el mercado interno (es decir, el aumento salarial sería en bolívares), lo que generaría un incremento del empleo e ingresos en la población nacional. Contrariamente, desalentamos cualquier incremento de la adquisición de bienes de consumo en el exterior; es decir, sobre todo, desalentamos cualquier incremento de la demanda de bienes no destinados a incrementar la capacidad productiva en Venezuela.
Para nosotros, existen además de estos argumentos; otras tantas razones de peso que aconsejan un ajuste o recuperación de los salarios. Por ejemplo, éticas, razones de justicia social; políticas, que apuntan a la generación de viabilidad económica y política; económicas, que buscan mayor crecimiento, con mayor equidad y eficiencia; de salud, asegurar mejores condiciones de nutrición y reducir la incidencia de enfermedades asociadas con la pobreza; educativas, más educación y de mejor calidad para todos; poblacionales, promover el crecimiento de la población y reducir la emigración; culturales, de combate del crimen y la degradación social, etc.
Para nosotros, sobran buenas razones; solo la miopía y mezquindad de quienes sólo alcanzan a ver sus intereses individuales e inmediatos impediría comprender la necesidad y conveniencia de realizar un ajuste salarial adecuado.
