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Extracción y secuestro: Doctrina Maduro

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06.01.2026

"La autodeterminación no es un derecho a la secesión, sino un derecho a la libre elección del estatuto político, económico, social y cultural de un pueblo…"

Georges Scelle




Los hechos del pasado tres (3) de enero del 2026 en Venezuela, marcaron un antes y un después en la geopolítica internacional; la extracción y secuestro (en términos jurídicos estrictos, extracción y secuestro no son lo mismo, aunque en el lenguaje político o mediático, tiende a usarse como sinónimos según la postura ideológica de quien habla), del Presidente Nicolas Maduro y su esposa Cilia Flores, ha creado condiciones especiales de compresión e interpretación del papel de autonomía de los territorios en la preservación de la dignidad de los pueblos. La extracción armada ha sido justificada como parte de un conflicto político, jurídico y comunicacional de intereses que a pesar de haberse materializado con el propósito alcanzado de la detención del Presidente y su esposa, todavía sigue la disputa; de acuerdo a versiones contrapuestas, propaganda, silencios oficiales y lecturas polarizadas, al dar una mirada crítica, no se trata más que un hecho que termina siendo el producto de las tensiones éticas, simbólicas y jurídicas que influyen en los intereses del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica y el liderazgo político del Presidente de Venezuela.

Si se analiza los hechos, todos fueron el producto de una mezcla de la noción de "extracción" con la de "secuestro", la de "justicia" con la de "venganza", y la de "soberanía" con la de "impunidad". En consecuencia, no hay veredictos definitivos, sino abrir fisuras en los relatos cerrados dispersos, ahí donde el discurso de las partes —venga de donde venga— trata de simplificar un episodio que, por su alcance humano y político, resiste la comodidad de las etiquetas.

​La narrativa nos cuenta que el tres (3) de enero, un comando armado fuertemente equipado irrumpe en la escena política latinoamericana con un gesto que desborda el protocolo habitual de la diplomacia y el derecho internacional, al realizar lo que se denomina "extracción" del presidente y de su esposa, Cilia Flores, para conducirlos fuera del territorio bajo control de las instituciones venezolanas. Aunque en algunos medios se emplea la palabra captura, y en otros se habla sin tapujos de "secuestro", la verdad es que el corazón del acontecimiento está en esa fractura del espacio soberano: el traslado forzoso de un jefe de Estado electo, por fuerzas que no rinden cuentas ante la ciudadanía que lo eligió, hiere la noción misma de Estado-nación, al menos en su formulación clásica.

Ahora bien, la frialdad técnica del término "extracción" no alcanza a ocultar que, detrás de la operación, hay cuerpos temblando, miradas desconcertadas, silencios helados en los pasillos del poder, y también millones de personas que, frente a la pantalla, se preguntan si lo que están viendo es justicia tardía, castigo ejemplar o simple demostración de fuerza. Si bien las narrativas más alineadas con ciertos centros de poder intentan presentar la extracción como un procedimiento casi quirúrgico —limpio, racional, necesario—, el lenguaje jurídico no termina de sostener esa asepsia, porque cuando la privación de libertad no se apoya en procedimientos transparentes, garantías procesales ni cooperación internacional clara, se acerca peligrosamente a la figura de secuestro, aunque se vista de legalidad.

No solamente hay una discusión sobre la legitimidad del objetivo, un presidente acusado de violaciones a derechos humanos, narcotráfico y corrupción, sino también sobre los medios empleados, que rompen fronteras y diluyen las reglas del juego que, supuestamente, organizan la convivencia entre Estados.

Hay, a todas estas, ambivalencia se filtra en el lenguaje cotidiano: para unos, se trata de la captura de un tirano; para otros, de la abducción de un mandatario, y en ambos casos se recurre a palabras cargadas de emociones intensas, casi siempre más útiles para movilizar pasiones que para entender matices.

Por otra parte, el episodio del tres de enero debe entenderse como un pase de factura mayor a la ya implementada a través de las sanciones que han venido dando un desgaste acumulado a la sociedad venezolana, creando condiciones bajo las cuales, por años, se ha ido alimentando una crisis económica que motivó la diáspora inmigratoria, la polarización y descrédito institucional a nivel internacional. También en ese contexto, la extracción de Maduro y Flores actúa como un espejo fragmentado: hay quienes sienten alivio, como si de pronto se abriera la........

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