Los Bancos Centrales instrumentos de dominación del imperialismo
Es, sin duda, el desafío político y técnico más grande que enfrentamos, porque implica no solo modificar normativas, sino desmantelar el monopolio intelectual de la banca central moderna. La construcción de esa arquitectura propia es difícil porque requiere una ruptura con la normativa estándar que ha sido grabada a fuego en las legislaciones nacionales y en la mente de los técnicos y economistas.
Esta visión de los bancos centrales como un monopolio intelectual nos lleva a la idea que estas instituciones no solo controlan la moneda, sino también el relato económico global. Desde allí se van generando teorías económicas adaptadas a sus condiciones hegemónicas e imperialistas y que son tomadas por verdades incuestionables por nuestros economistas e intelectuales, que no encuentran ni el camino ni la fuerza para rebatirlas. Además se le otorga una denominación que le otorga más fuerza, es la Ortodoxia Financiera que limita el pensamiento crítico y las alternativas disruptivas.
Esta "ortodoxia" prioriza la estabilidad de precios y los intereses de los grandes capitales sobre los objetivos y necesidades de nuestras economías. Según este esquema nunca habrá un libro para el desarrollo independiente de la economía venezolana o de otras economías nacionales. Al actuar como los únicos árbitros de la verdad económica, sofocan la innovación monetaria y dejan a las sociedades sin herramientas para cuestionar un modelo que de integración y permanencia en el sistema capitalista mundial.
Esta centralización del conocimiento ha convertido a las economías en desarrollo en meras ejecutoras de fórmulas diseñadas en realidades ajenas. Al imponer una visión donde el éxito se mide exclusivamente por indicadores macroeconómicos estandarizados, se desestima la soberanía, las necesidades y la justicia social de las mayorías y tampoco el cambio social. Los economistas locales, formados bajo esta misma sombra, terminan siendo guardianes de un statu quo que castiga cualquier intento de soberanía financiera.
Esta parálisis intelectual nos impide imaginar circuitos de intercambio alternativos o políticas fiscales que prioricen el bienestar interno sobre la aprobación de los mercados internacionales. Pero la realidad real es que solo cuestionando esta supuesta neutralidad técnica podremos recuperar el derecho a decidir el camino de la prosperidad y qué moneda y qué economía necesitamos para prosperar, rompiendo finalmente con un tutelaje histórico que nos ha mantenido en una minoría de edad económica y creativa.
Esta hegemonía no es casual; se consolida mediante el control de la academia y los organismos multilaterales, que exportan recetas prediseñadas como si fueran leyes naturales. Todas en el fondo se basan en un elemento la no industrialización o la desindustrialización y su contexto. Al adoptar estos modelos sin beneficio de inventario, nuestras naciones quedan atrapadas en un ciclo de dependencia intelectual que prioriza el pago de la deuda y la baja inflación por encima del desarrollo o la soberanía productiva.
El resultado es una parálisis creativa pues se gestiona la escasez bajo reglas ajenas, ignorando que las necesidades de nuestras economías no encajan en los moldes de Wall Street o Basilea. Romper con este monopolio cognitivo nos exige desaprender las verdades impuestas y atreverse a diseñar sistemas monetarios que respondan a nuestra propia realidad, recuperando la capacidad de decidir nuestro destino financiero sin tutelajes externos. Pero es tan difícil que ni Rusia se escapa de sus dominios y padece mucho por ello.
Y la figura de Isaac Newton en la Casa de la Moneda simboliza el momento en que la ciencia y el poder financiero se fusionaron para crear un sistema que se presenta ante el mundo como una verdad técnica incuestionable, y no como una construcción política. Ocupó el cargo de Maestro de la Casa de la Moneda (Master of the Mint) y transformó un cargo que tradicionalmente era honorario en una oficina de control técnico y policial absoluto. En 1717, implantó una relación fija entre el oro y la plata. Sobrevaloró el oro lo que provocó que la plata desapareciera de la circulación, y llevo a Gran Bretaña al patrón oro de facto. Esta visión se convirtió luego en norma mundial e impuesta por las naciones industriales a los otros países.
Romper con esta herencia es parte de la lucha revolucionaria y exige entender que ni la economía ni las normas de la banca central son una ciencia exacta, sino una herramienta de poder político y como tal la usan los países poderosos. Nuestra soberanía depende de la capacidad para diseñar una arquitectura financiera propia. Venezuela está en posición de hacerlo por tener la flexibilidad institucional necesaria para ello. Solo falta más audacia. Descolonizar el pensamiento económico es prioritario.
Sujetarse al modelo de Newton y de los centros de poder financiero no es inevitable, sino punto de partida para un motín intelectual. Si los bancos centrales han sido útiles para la dominación y la desunión de nuestros países, entonces debemos subvertir ese discurso. Para transformar estas herramientas de dominación en bases para una arquitectura financiera soberana, capaz de convocar la unidad de Nuestra América frente a la hegemonía del dólar.
Al denunciar la neutralidad técnica de la banca central como un mito, damos el primer paso hacia nuestra autonomía. No basta con criticar el orden actual, es necesario transformarlo. Si el patrón oro de Newton fue el grillete del imperio, la nueva banca central liberadora debe ser el motor de la unidad de Nuestra América. Solo así, transformando instrumentos de control en herramientas de unión avanzaremos hacia la liberación por el camino de una integración soberana.
El desarrollo no es parte de la problemáticas que deben considerar los bancos centrales, tampoco la integración, pues ambos objetivos contrarían los intereses de los países industrializados hegemónicos. Deben por lo tanto modificarse sus objetivos nacionalmente, donde la unidad regional de propósitos es un instrumento demasiado útil y fuerte. Es la unidad para la industrialización y la creación de capital, fortalecer las monedas y mercados, enfrentar al rentismo. Así los Bancos Centrales nos abrirían las puertas de la modernidad.
