La libertad de producir
Las libertades que parecían constituir las bases de la sociedad moderna y fundamentalmente de lo que se llama el mundo occidental, como son la libertad de pensar, hablar y actuar como queramos, se han ido convirtiendo a medida que avanzamos en la tercera fase del imperialismo, en una fantasía que pareciera sostenida por unos pocos idealistas o por los que son dueños de una dosis de valentía capaces de enfrentar con sus propias ideas y con su propio cuerpo el desafío que representan los intereses de los ricos y poderosos que defienden a todo trance sus privilegios.
Y se considera que estas son las ideas comúnmente aceptadas para impulsar nuestros beneficios por una vida más humana, pero estas ideas son claramente insuficientes sino se le suma, sino se sostienen en la libertad de producir todos los bienes que el ingenio y la ciencia, la filosofía o las costumbres de los pueblos y naciones les inducen a realizar.
La libertad de producir es el Bien Supremo. Sin la libertad de producir, de industrializarnos, no habrá nunca bienestar, libertad, virtudes ni glorias para los pueblos. Esa libertad de producir está condenada en los actuales momentos por el sistema de competencia que lleva a la monopolización por unos pocos, quizás 12 países, que concentran el bienestar y la riqueza, mientras el resto de la humanidad........
