Realidad Sin Referente
“El ascenso a la Casa Blanca de Donald J. Trump empeoró el escenario. Estados Unidos pretende barrer las conquistas de la Revolución Bolivariana, sus ideales democráticos y de justicia social. Y en la consecución de ese propósito necesita humillar a su pueblo para que nadie más se atreva a seguir su ejemplo. Toda la poderosa capacidad de manipulación cultural del capital transnacional ha sido puesta en función de torcer el rumbo de la Venezuela bolivariana. Frente al impacto de la crisis financiera internacional y la despiadada guerra económica de la que es víctima, se pretende hacer creer que basta con retroceder al régimen oligárquico de la IV República para que avance. Una porción de la clase media que asume el individualismo feroz y las apetencias consumistas de la oligarquía se ha hecho depositaria, en su manera de pensar y actuar, de esta seudocultura, conformando un terreno fértil para que germine la semilla del fascismo”.
Sombras de la Guerra Fría 1928-1968. Ernesto Límia Díaz.
Empecé a pensar en esto, después de una cola para comprar harina…
En Venezuela, hablar de simulacro no es un ejercicio abstracto ni un capricho teórico: es una vía para leer la distancia entre los lenguajes del poder, las escenas públicas y lo que la gente vive. Jean Baudrillard muestra con suficiente claridad ese desplazamiento, pero el caso venezolano es distinto. Obliga a profundizar: aquí el simulacro recubre y disputa la realidad. Esa diferencia importa para evitar una lectura cerrada y, al mismo tiempo, reconocer que la vida social no se agota en la representación. Y no lo digo como teoría. Lo digo porque lo he visto en mi propia calle.
En el trasfondo histórico de la Guerra Fría, la disputa por el sentido tuvo un peso decisivo: la propaganda, la diplomacia pública, la prensa y la exhibición de fuerza no solo acompañaron los conflictos, los organizaron como hechos políticos y simbólicos.
La cultura del simulacro puede entenderse como una condición en la que las imágenes no se limitan a describir el mundo, pero más bien intervienen en su fabricación y hacen más: fabrican falsas realidades. No es solo propaganda. Es más bien una máquina de producción constante de marcos de interpretación que orientan lo que una sociedad considera real, urgente o visible. En Venezuela, esa lógica se ha intensificado en distintos momentos: desde las relaciones institucionales sobre bienestar, estabilidad o soberanía, hasta la puesta en escena de crisis, resistencias y normalidades parciales.
Olvídate de “verdad” o “mentira” como polos absolutos. Mejor observa cómo ciertos discursos adquieren autonomía y empiezan a funcionar como referencia obligada, aun cuando la experiencia cotidiana los contradiga. Esa tensión entre relación y vida concreta es una de las huellas más visibles del desfase nacional y terror en lo local.
Miremos la........
