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Quien amenaza al mundo, ahora es amenazado de aplicarle la enmienda N°25

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09.04.2026

El sistema político estadounidense atraviesa una de las crisis institucionales más profundas de su historia contemporánea. No se trata solo de una pugna partidista, sino de una fractura en la propia estructura del poder imperial. 

Hoy, la figura de Donald Trump (cuya retórica ha servido de combustible para una política exterior de coacción, sanciones unilaterales y desprecio por el Derecho Internacional) se enfrenta a un cuestionamiento interno sin precedentes: la posibilidad real de ser removido mediante la Enmienda N°25 de la Constitución de los Estados Unidos.

Es una ironía histórica que el mismo "comando en jefe" que ha utilizado la amenaza como principal herramienta diplomática, sea ahora visto como la mayor amenaza para la propia estabilidad de su nación y de la seguridad global.

La presidencia de Trump no ha sido solo una anomalía estética, sino una agresión sistemática contra el principio de igualdad soberana de los Estados. Su discurso, cargado de un mesianismo agresivo, ha sustituido la diplomacia por el ultimátum. Cuando el jefe de la potencia nuclear más grande del planeta amenaza con "fuego y furia" o con la destrucción total de naciones soberanas, no solo viola la Carta de las Naciones Unidas, sino que desmantela los precarios equilibrios de la paz mundial.

El peligro que hoy denuncian diversos parlamentarios estadounidenses no es nuevo para el Sur Global. Los pueblos que han sufrido bloqueos criminales y amenazas de intervención militar conocen bien ese rostro violento. Sin embargo, lo que ha cambiado es que el establishment de Washington ha comenzado a percibir que esa violencia, antes exportada, ahora se vuelve hacia adentro, amenazando con implosionar las propias instituciones del imperio.

La sección 4 de la Enmienda N°25 establece un mecanismo para remover a un presidente que sea "incapaz de cumplir con los poderes y deberes de su cargo". Históricamente diseñada para incapacidades físicas o mentales claras, hoy se invoca bajo una premisa de peligrosidad política y psicológica.

El Argumento de la Inseguridad Nacional: Los parlamentarios argumentan que un líder que gobierna a través del miedo y la polarización extrema no posee el juicio necesario para custodiar el maletín nuclear o dirigir la política exterior sin llevar al mundo al abismo.

La Amenaza a lo Diferente: El discurso presidencial ha criminalizado la disidencia. Ya no se trata solo de "enemigos externos" (el eje del mal, los Estados parias), sino que la categoría de "amenaza" se ha extendido a cualquier actor, interno o externo, que no se someta a la visión unipolar del Ejecutivo.

Trump no es un accidente, es el resultado lógico de décadas de excepcionalísmo estadounidense. Lo que hoy horroriza a ciertos sectores del Capitolio es que el espejo les devuelve una imagen de autoritarismo que Washington suele recetar para otros países, pero que ahora se ha instalado en la Oficina Oval.

La aplicación de la Enmienda N°25 sería un reconocimiento explícito de que el modelo de gobernanza imperial es intrínsecamente inestable. No podemos ignorar que, mientras en Washington se discute la aptitud mental de su líder, el resto del mundo sigue bajo el yugo de decisiones erráticas que afectan economías, climas y vidas humanas.

Quien amenazó con incendiar el mundo, hoy se encuentra cercado por las leyes que juró defender y debemos ser claros: la solución no es solo el cambio de un individuo por otro dentro de la misma estructura de poder. La verdadera paz mundial solo será posible cuando ningún presidente, independientemente de su salud mental o su retórica, tenga el poder unilateral de amenazar la existencia de la humanidad bajo la premisa de la supremacía imperial.

El mundo ya no acepta el papel de rehén. La crisis de la Enmienda 25 es el síntoma; el fin de la hegemonía violenta es la única cura posible para la seguridad colectiva de los pueblos.


© Aporrea