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La Necropolítica del Capital en el Estrecho de Ormuz

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27.03.2026

"La guerra no es un evento trágico fortuito, sino una política educativa de las élites para normalizar el exterminio en función de la tasa de ganancia".

En la cartografía del despojo contemporáneo, el Estrecho de Ormuz no es solo un accidente geográfico; es la yugular del sistema-mundo capitalista. Mientras las corporaciones de noticias presentan la escalada bélica entre el eje anglo-estadounidense-israelí y las potencias regionales como una "defensa de la democracia", la realidad material nos dicta una lección de pedagogía crítica mucho más cruda: la guerra en el Medio Oriente es la máxima expresión del imperialismo como etapa superior del rentismo financiero.

Hoy, el flujo de crudo por Ormuz y el flujo de sangre en Gaza, Líbano y Yemen tienen un correlato directo en las pizarras de Wall Street. Cuando el ruido de los tambores de guerra aumenta, dos indicadores celebran: el precio del barril de petróleo y las acciones del complejo médico-industrial-militar.

Debemos desaprender la idea de que la guerra es un "fallo" de la diplomacia. Al contrario, para los sectores económicos dominantes, la guerra es una herramienta de gestión de mercados. Estados Unidos, operando como el brazo armado del capital transnacional, junto a Israel como su enclave estratégico en la región, ha convertido la volatilidad de Ormuz en una mina de oro.

La Especulación Energética: Cada amenaza de cierre del Estrecho de Ormuz dispara el miedo en los mercados. Este miedo se traduce en un alza inmediata de los precios del petróleo, beneficiando no solo a las petroleras estadounidenses (las Big Oil), sino permitiendo que el fracking norteamericano (más costoso de producir) sea competitivo y rentable a nivel global.

El Ciclo de la Destrucción-Reconstrucción: El uso masivo de armamento de última generación por parte de Israel, financiado y suministrado por Washington, cumple una función económica dual. Por un lado, sirve como vitrina de exposición para que firmas como Lockheed Martin, Raytheon y Boeing demuestren la "efectividad" de sus productos en escenarios reales.

Por otro lado, garantiza un ciclo perpetuo de reposición de inventarios pagado con dinero público, transfiriendo riqueza de la clase trabajadora directamente a las arcas de la industria de defensa.

El control del Estrecho de Ormuz es vital. Por este paso circula aproximadamente el 20% del consumo mundial de petróleo. Mantener la zona en un estado de "tensión controlada" permite a Estados Unidos justificar una presencia militar masiva, bloqueando el desarrollo de la Nueva Ruta de la Seda y asfixiando las economías que no se alinean con el mandato del petrodólar.

Estamos ante una necropolítica donde el valor de la vida humana en el Medio Oriente es inferior al valor de una acción de defensa en la bolsa de valores. La educación crítica nos obliga a señalar que el armamento masivo utilizado contra poblaciones civiles no es solo un acto de agresión militar, sino un ejercicio de acumulación por desposesión. El "gran negocio" no es solo vender el arma, sino controlar el recurso energético que esa arma garantiza.

El desafío es revelar que detrás de cada narrativa de "seguridad nacional", se esconde un balance contable. El ascenso de los precios del petróleo y el auge de la industria armamentística son las dos caras de una misma moneda imperialista que se alimenta de la inestabilidad en Ormuz.

El Medio Oriente no es un tablero de ajedrez; es un mercado de consumo forzado donde el producto es la muerte y el dividendo es la hegemonía global. Mientras los sectores poderosos sigan lucrando con el incendio, la paz será, para ellos, el peor de los negocios. Solo una consciencia decolonial y una resistencia organizada de los pueblos podrán apagar las llamas de este mercado de sangre.


© Aporrea