menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Israel y América Latina: las relaciones peligrosas (Parte 1)

6 0
27.08.2026

¿Quizás no todos saben que, en el pasado reciente, Israel proporcionó armas, inteligencia y entrenamiento a las dictaduras civil-militares fascistas de América Latina? ¿Y que, en la actualidad, Israel está cada vez más activo en el continente latinoamericano? El sueño sionista del «Gran Israel» no se limita a Oriente Medio, sino que también se extiende a América Latina.

Esta nota, dividida en dos partes, aborda las relaciones peligrosas entre Israel y América Latina, tanto en el pasado reciente, como en la actualidad. Se basa en diversas investigaciones realizadas por el movimiento BDS latinoamericano, en cientos de noticias, y en contactos sobre el terreno que el autor ha establecido a lo largo de casi 40 años de presencia en el continente latinoamericano y al Caribe.

La «creación» de Israel y América Latina

Las relaciones diplomáticas entre Israel y América Latina comenzaron inmediatamente después de la creación de Israel en 1948.

En 1947, durante los primeros debates de las Naciones Unidas sobre Palestina, en general los gobiernos liberales de América Latina se mostraron a favor de la creación de un Estado judío en el territorio palestino, mientras que, por el contrario, los gobiernos católicos conservadores tuvieron una postura menos receptiva. Desde el principio, Uruguay, Guatemala y Perú adoptaron una línea marcadamente pro-sionista en el Comité Especial de las Naciones Unidas sobre Palestina (UNSCOP), una comisión de investigación creada en 1947 para analizar las causas del conflicto en Palestina, proponer una solución para su futuro gobierno y elaborar la propuesta de partición. Bajo la presión de Estados Unidos y de los respectivos lobby sionistas, esos tres países, en su calidad de miembros de la UNSCOP, junto sobre todo con Brasil (que en ese momento presidía la Asamblea General de la ONU), convencieron a muchos de los gobiernos latinoamericanos de que apoyaran la partición de Palestina [i]. En el caso de Brasil, el diplomático Oswaldo Aranha, en su calidad de presidente de la Asamblea General de la ONU, desempeñó un papel procedimental y político crucial en la promoción del Plan de partición de Palestina (Resolución 181). Aranha aplazó la votación para consolidar una mayoría de dos tercios a favor del plan y ejerció una gran presión sobre las distintas delegaciones. Acciones por las que posteriormente recibió reconocimientos públicos por parte de Israel [ii].

Finalmente, en noviembre de 1947, trece de los veinte países latinoamericanos de entonces votaron a favor del Plan de Partición [iii], seis se abstuvieron [iv] y solo Cuba votó en contra [v].

Pasaron unos pocos meses y, en mayo de 1948, los primeros en reconocer a Israel fueron los Estados Unidos de Harry Truman [vi]. Solo tres días después, Guatemala fue el segundo (y el primero en América Latina), seguido por Uruguay, Nicaragua, El Salvador y la República Dominicana. A esta primera ola se sumaron luego Argentina, Brasil, Costa Rica, Ecuador y Panamá.

Un año después, en mayo de 1949, dieciocho de los veinte países apoyaron la admisión de Israel en la ONU, mientras que tanto Brasil, como El Salvador se abstuvieron.

La Argentina peronista, que se había abstenido en la votación sobre la partición, fue la primera en abrir una embajada en Tel Aviv, capital de Israel. Le siguieron Brasil y Uruguay. Por el contrario, en 1955, Guatemala estableció la primera representación latinoamericana en Jerusalén. Por su parte, entre 1949 y 1953, Israel abrió sus primeras misiones diplomáticas en Uruguay, Argentina, Brasil y México.

En 1967, tras la «Guerra de los Seis Días» entre Israel y los países árabes, en la Asamblea General de la ONU, la Unión Soviética y los «países no alineados» exigieron la retirada incondi-cional de Israel de los territorios ocupados. Por su parte, veinte Estados latinoamericanos promovieron una resolución basada en la retirada, el fin de las hostilidades y la «coexistencia basada en la buena vecindad». El proyecto latinoamericano fue rechazado, pero su presentación fue un factor decisivo en la formulación de la famosa Resol. 242 del Consejo de Seguridad [vii].

Hasta la fecha, a pesar del genocidio en Gaza y Cisjordania, y de la guerra contra el Líbano e Irán, solo Belice, Colombia, Cuba (que rompió relaciones en 1973), Nicaragua y Venezuela no tienen relaciones diplomáticas con Israel.

Israel arma a las dictaduras fascistas

Si bien es cierto que la presencia israelí en el continente latinoamericano viene de lejos, las relaciones se profundizan y, sobre todo, cambian de carácter a partir de finales de los años 60 y durante los años 70: con el auge de los golpes de Estado civiles-militares fascistas, Israel comienza a armar y entrenar a las Fuerzas Armadas de muchas dictaduras latinoamericanas. Las mismas dictaduras responsables de las masacres de pueblos indígenas, campesinos, movimientos populares y sindicales, y líderes de la oposición. No hay ningún país del continente que no haya tenido relaciones comerciales con Israel en el sector de la «seguridad» militar o la defensa, un intercambio que aún hoy va viento en popa.

Desde entonces, las relaciones de Israel con el continente han ido de la mano del incremento de la represión y el militarismo en la región. Los militares israelíes han entrenado a las fuerzas represivas, vendido armamento y software de espionaje, y «asesorado» a las dictaduras civil-militares y a muchos gobiernos, principalmente de derecha.

Por lo general, las visitas diplomáticas han estado y siguen estando acompañadas por empresarios, directivos de empresas de «seguridad», vendedores de armas y/o de tecnología militar.

Un vendedor global de muerte

¿Pero cómo comenzó esta relación y por qué Israel se ha convertido en un vendedor de muerte a nivel mundial? La respuesta está en sus relaciones con Estados Unidos.

Como se recordará, ya a finales de 1972 muchos países africanos habían interrumpido sus relaciones con Israel. Pero el punto de ruptura llegó tras la cuarta guerra árabe-israelí de 1973, con una condena generalizada contra la entidad sionista.

Así fue como, para ampliar su influencia y en busca de nuevos mercados, Israel inició una ofensiva diplomática y comercial hacia el continente latinoamericano. Según el investigador Fernando Cordero, hasta 1973, América Latina y el Caribe recibían solo el 20 % de los asesores militares israelíes. Pero apenas tres años después, esta cifra se disparó al 67 % [viii]..

En el contexto de la «Guerra Fría», la estrecha colaboración de Israel, en particular con las dictaduras de Argentina, Chile y Uruguay, se basaba en una visión compartida de la contrainsurgencia, el «antiterrorismo» y la guerra contra una «amenaza existencial». Y así, ya desde entonces, los «viejos enemigos fascistas» se convirtieron en los «nuevos amigos» de los sionistas.

Las puertas giratorias entre EE. UU. e Israel

Al crecimiento exponencial de las ventas de armamento israelí también contribuyeron las críticas internas e internacionales a la Casa Blanca por su apoyo militar a las criminales dictaduras civiles-militares que violaban los derechos humanos.

El mecanismo era bastante sencillo y estaba bien establecido: cuando Washington era objeto de críticas y se veía obligado a interrumpir los suministros militares, así como el entrenamiento de las fuerzas represivas de las dictaduras, Israel entraba en escena como su sustituto, sin pestañear y haciendo buenos negocios. Los ejemplos de complicidad abundan.

En la segunda mitad del siglo XX, en Centroamérica, Israel apoyó a las dictaduras de El Salvador, Nicaragua, Honduras y Guatemala. En Sudamérica vendió armas a la dictadura argentina (1976-1983), a la brasileña (1964-1985) y fue el principal proveedor de armas de la chilena de Pinochet (1973-1990), en una triangulación con la Sudáfrica del apartheid.

Colombia y México también han sido clientes habituales de Israel en la compra de armas, el entrenamiento y la capacitación de la policía y el ejército, la adquisición de tecnología como el ya famoso software espía Pegasus [ix]. El caso de la colaboración de Israel con la dictadura uruguaya (1973-1985) es ligeramente diferente. Pero vayamos por partes.

En el caso de Chile, el año decisivo fue 1976, cuando las críticas y las presiones obligaron a Washington a suspender la cooperación militar con la sangrienta dictadura de Pinochet (1973-1990). Israel toma su lugar y se convierte en el principal proveedor de material bélico al régimen chileno, incluyendo misiles aire-aire, patrulleras, aviones, tanques y sistemas de inteligencia.

Entre los documentos desclasificados posteriormente, hay un télex de la embajada de EE. UU. en Santiago durante la dictadura en el que se afirma claramente que Washington no puede declarar un embargo militar, dada la presencia de Israel. Es decir, por un lado se muestra preocupación por la violación de los derechos humanos y, por otro, se da luz verde a esas mismas violaciones, pero con armamento israelí.

En 2016, algunas de las víctimas de la dictadura chilena le pidieron a Israel que «desclasificara» 19 000 documentos para aclarar su responsabilidad. Desde Tel Aviv nunca llegó ninguna respuesta y tampoco se hizo público ningún documento.

El apoyo a los gorilas

Durante la dictadura de Somoza en Nicaragua, en 1978 Estados Unidos se vio obligado a suspender la ayuda militar al régimen. Y hasta la victoria de la revolución sandinista en julio de 1979, Israel se convirtió en el proveedor oficial de armamento de ese país centroamericano.

Durante las dictaduras en Argentina (1976-83), El Salvador (1972-79) y Honduras (1972-81), el porcentaje de armamento israelí adquirido fue, respectivamente, del 95 %, 92 % y 81 %. Las compras aumentaron exponencialmente en los momentos de mayor represión y de la llamada «guerra sucia» contra la oposición. En el caso de El Salvador, la década de los 70 estuvo marcada por una sangrienta represión con decenas de asesinatos contra los movimientos de oposición, lo que condujo a la guerra civil de los años 80.

Otro ejemplo es Ecuador, donde Israel estableció excelentes relaciones con los gobiernos militares que estuvieron en el poder en la década de los 70, hasta 1979. El país también se destacó por enviar a jóvenes oficiales a las academias militares israelíes. Aquí también, tras el golpe de Estado de 1972 que llevó al segundo gobierno militar, Israel comenzó a vender una gran cantidad de armamento de pequeño calibre, municiones y explosivos.

En los últimos años, se ha sabido muy poco sobre las relaciones y la estrecha colaboración entre Israel y la dictadura brasileña (1964-1985). Los vínculos en materia militar durante ese período están........

© Aporrea