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La guerra que no se ve, pero que hace daño…

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05.05.2026

"La guerra es la continuación de la política por otros medios. Pero la guerra cognitiva es la continuación del sueño por otros cerebros." Adaptación libre de Carl von Clausewitz

El ventilador del techo parecía tener fiebre; giraba con una parsimonia sospechosa, como si midiera el peso del aire antes de dejarlo caer sobre las mesas. Eran las diez de la mañana en El Bohemio y el calor ya era un argumento de peso, pero nadie en la mesa del fondo se quejaba. El café humeaba, los cigarrillos se encendían en cadena, y Anacleto, sentado a mi diestra, no había abierto su libreta, y eso, en él, era mala señal, sino que leía en voz baja un informe de inteligencia que le habían pasado esa madrugada. No era una noticia, era un diagnóstico.

«Camaritas» finalmente dijo, ajustándose los lentes de carey y sin mirar a nadie en particular. «Hoy no voy a hablarles de un muerto reciente. Vengo a hablarles de una guerra que empezó hace doce años y que casi nadie ha visto porque no usa tanques, sino que usa sus cerebros. Se llama "guerra cognitiva" y aquí, en Venezuela, la estamos viviendo en carne propia desde que el comandante Chávez cerró los ojos. No olviden que las guerras más peligrosas son las que no hacen ruido »

El pichón de periodista dejó el teléfono boca abajo. «¿Cómo que no hacen ruido?»

Anacleto levantó la mirada. Lenta. Precisa. «Porque cuando la guerra suena… la gente se defiende. Pero cuando la guerra susurra… la gente la repite.»

El silencio se acomodó en la mesa como un invitado incómodo.

El coronel retirado dejó la taza de café negro cerrero sobre la mesa y frunció el ceño. «¿Una guerra que no se ve, Anacleto? ¿Cómo se lucha contra eso?»

«Con la cabeza fría, coronel» respondió Anacleto, encendiendo un cigarrillo. «Mire, cuando Chávez muere en 2013, algo más muere también. Muere la posibilidad de que el enemigo nos ataque con tanques. A partir de ese momento, el imperio cambia de estrategia e inicia una nueva guerra: una guerra que empezó el día que murió un hombre… y nació un método. Si no puede tumbarnos militarmente, nos va a tumbar por dentro. Nos va a meter una idea, una sola idea, una y otra vez hasta que cale.» su voz, sonó con un tono persuasivo «¿Y cuál fue esa idea? Que todo lo que huela a chavismo es malo, que Maduro es un dictador, que las elecciones se roban, que estamos en un estado fallido. Y la metieron... con hiperinflación inducida, con desabastecimiento, con colas, con hambre. Eso no fue casualidad, camaritas. Eso fue guerra económica, la hermana gemela de esta guerra que no se ve».

La profesora cerró su libro. «¿Está hablando de Venezuela?»

Anacleto asintió apenas.

El boticario frunció el ceño. «¿Chávez?»

«No su muerte, camarita…» corrigió Anacleto. «Lo que vino después.»

Encendió un cigarrillo. Lo sostuvo unos segundos sin fumarlo. «A partir de 2013, lo que se puso en marcha no fue una confrontación tradicional… fue un laboratorio… una guerra híbrida, de esas que no necesitan tanques, sino relatos.»

La profesora, que escuchaba desde la penumbra con un ejemplar de un libro bajo el brazo, intervino. «Anacleto, 2014 fue "la salida"; 2017 fueron más de 120 muertos y 2000 heridos. ¿Eso no fue guerra real?».

«Fue el disparo» respondió Anacleto, apagando un cigarrillo. «Pero el verdadero daño no lo hicieron las bombas de verdad, sino las bombas de mentira. Porque la guerra psicológica no lucha contra cuerpos, lucha contra percepciones. Busca que tú mismo te conviertas en tu propio enemigo. Busca generar en tu pecho tanta rabia, tanta ira, tanta desesperanza, que termines haciendo el trabajo sucio que el imperio ya no puede hacer. Y miren los resultados: en 2024, después del ciberataque, mucha gente que había sido chavista toda la vida dudó de las elecciones. Dudó, camaritas. La narrativa caló. Y eso, con todo respeto, es más peligroso que mil misiles». Anacleto dejó escapar un suspiro. «Cuando se pierde una elección… y se responde con calle, rabia y fuego… no se está protestando. Se está inaugurando una fase. Es la negación de la realidad, camaritas. »

El pichón de periodista tragó........

© Aporrea