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El silencio de la traición y el zumbido de los drones: anatomía de un secuestro sin estruendo…

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28.01.2026

«El engaño más eficaz es aquel que distrae con ruido mientras opera en silencio.»
HANNAH ARENDT

Hacía calor maracucho a esa hora indeterminada entre el café de la mañana y el primer cigarrillo de la tarde. El ventilador no solo gruñía; gemía, como un animal viejo atado a un teclado de mecanografía. Anacleto estaba sentado en el banco de madera, ese que tiene la huella de setenta y nueve años de esperas. No limpiaba su portafolio; lo acariciaba, como quien acaricia el lomo de un perro que ya no ve pero cuya respiración todavía reconoce. Frente a él, el pichón de periodista agitaba el teléfono como un banderín de auxilio. En la pantalla, cifras que brillaban con el fulgor barato del "clickbait" o cebo de informaciones falsas y/o engañosas: "3.000 millones en oro, 150 aviones, saqueo histórico". Anacleto soltó una carcajada. No era de burla; era la risa del que ha visto demasiados fantasmas vestidos de noticia. «Mira, hijo… apaga eso un momento y escucha el viento.» Su voz tenía la textura del papel de lija, viejo. «¿Ves ese zumbido que se oye a veces, casi como un mosquito eléctrico? Eso es la modernidad. Eso son los drones. El que cree que para tumbar a un gigante hacen falta 150 aviones atronando el cielo, es porque todavía vive en las películas de los años cuarenta.» El fogonazo de su fósforo cortó la penumbra del café. Un instante de luz violenta, luego el humo. «El ruido es para los bobos… El ruido es lo que te venden en YouTube para que te quedes pegado a la pantalla. Te hablan de 3.000 millones en oro porque el ser humano es codicioso y esa cifra brilla, te encandila. Pero el oro no vuela, hijo, el oro pesa, se queda en las bóvedas o se mueve en barcos con calma. Nadie manda un avión de carga en medio de una guerra para llevarse lingotes; mandas tecnología para anular al enemigo.» La profesora, siempre en su rincón de sombras y preguntas, intervino: «¿Entonces lo de los 150 aviones y helicópteros no es verdad, es simplemente un guión joligudense?» Anacleto asintió con un movimiento lento de cabeza, como el de un árbol que se inclina bajo un viento conocido. «El daño de verdad no hizo ruido. Fue ese enjambre de drones artillados, moviéndose como una sola mente, rompiendo defensas sin necesidad de un solo grito heroico. Eso es lo que no quieren entender los que buscan ‘clics’: que la guerra ya no es un desfile de banderas, es un algoritmo silencioso que te deja ciego antes de que puedas disparar.» Apoyó los codos en la mesa. Las yemas de sus dedos se encontraron, formando un triángulo que temblaba levemente. «Pero lo más importante no fue el metal, fue el hombre.» Sonrió, pero era una sonrisa sin alegría, como la de........

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