Aportes silvestres como soportes de vida
¿Estamos esperando a qué? La pregunta no es un recurso retórico; es la grieta por donde se asoma la urgencia de nuestra época. No hay duda alguna. La enseñanza fundamentada en la vivencia que me logra ser, aquello que me constituye y me sostiene, no es una teoría de cátedra fría ni un manual de instrucciones preconcebidas. Es, en su dimensión más pura, una recopilación de colapsos, de experiencias vividas en carne propia, de eventos que sacuden la modorra de la existence. Nos han enseñado a acumular datos, a venerar el resultado final, el objeto terminado. Sin embargo, lo verdaderamente importante no es el saber qué es realmente la función de obtener y entrelazar; el misterio y la clave de nuestra soberanía radican en comprender cuál es la naturaleza de esa función.
En sí misma, esa capacidad de conectar el todo, de hallar el hilo invisible entre el caos y la vigilia, es producto de una consciencia que no se somete. ¿Qué retira la mente en ese preciso momento en que nos vaciamos del ego? Si la mente racional se aparta, entonces, ¿de otras qué tienen que ver? ¿Qué hilos sutiles se activan desde el tejido del universo? Según la rigidez del dogma tradicional, se nos empuja a la parálisis. Pero si nos preguntamos, de acuerdo a nuestra propia experiencia, ¿dónde vamos después de la muerte física?, la respuesta jamás vendrá de la materia inerte. ¿Podemos hablar de mi cuerpo? Sí, pero solo como el vehículo transitorio de una vibración mucho más vasta.
Yo creo que nos ocupan muchas dudas aún. El ser humano contemporáneo camina lleno de incertidumbres, y eso, lejos de ser una debilidad, es nuestra mayor fortaleza. Sucede con las mejores reflexiones, con las corridas de escenarios mentales y esa consciencia epistémica que tengo, siempre con una idea detrás que empuja los límites de lo visible. O sea, todo esto sigue abierto a la información, que no es otra cosa que energía en constante estado de despliegue y potencialidad. Entonces, ¿cómo tendría que estar seguro de que todo es materia? Sería una ceguera absoluta aceptar el reduccionismo materialista en un cosmos que late. Pero ¿qué pasa con el misterio? ¿Qué pasa con el sentido de la divinidad? Miren cómo, en este tránsito, la vida y mi arraigado sentido de lo divino me dictan que crecer es también aprender a ser verdaderamente humanos. Para mí, la espiritualidad es lo primordial; no la religiosidad institucional que encadena y dogmatiza. Así, despojados........
