La luz contra la excepción: por un Solarismo que no abandone al homo sacer
Hay vidas que pueden ser eliminadas sin que su muerte cuente como homicidio. Personas que habitan una tierra de nadie entre el derecho y la violencia. Espacios —campos de refugiados, centros de detención, fronteras— donde la ley se suspende y el poder soberano decide quién puede vivir y quién debe morir. El filósofo Giorgio Agamben ha dedicado su obra a desentrañar esta estructura que llama homo sacer: la vida desnuda, reducida a su pura biología, despojada de toda cualidad política. En esas zonas grises, la luz no entra. O entra solo como reflector de vigilancia.
Frente a este diagnóstico, el Solarismo que defiendo —una filosofía de la luz, la transparencia y la comunidad regenerativa— parece correr el riesgo de ser ingenua. Porque ¿qué puede decirle una ética solar a quien espera en la intemperie de una valla fronteriza? ¿Qué luz puede llegar a quien ni siquiera tiene derecho a tener derechos?
Agamben me ha obligado a enfrentar esa pregunta. Y mi respuesta es esta: el Solarismo no puede resolver de un plumazo la lógica de la excepción soberana, pero sí puede negarse a aceptarla como destino. Puede insistir en que el acceso a la energía —a la luz literal— es un derecho humano fundamental. Y que sin ese derecho, la vida........
