Atrapados
La sorpresa de un rugido profundo, inverosímil, como si la tierra hubiera decidido romper todo en unos segundos, trajo una oscuridad absoluta. Y luego, un silencio tan denso que parecía tener el mismo peso que las toneladas de concreto que acababan de sepultarlos.
Durante unos instantes, nadie supo si seguía vivo. El cuerpo buscaba respuestas antes que la mente: una respiración forzada, un movimiento lento, un dolor agudo que confirmara la existencia.
Entonces, desde algún rincón perdido entre las sombras, una voz rasgó la penumbra:
—¡Auxilio! —¿Hay alguien allí?
El........
