9 de abril: ¿Movilización obrera o maniobra sindical-política al servicio de otro patrón?
La crisis que atraviesa la clase trabajadora venezolana no admite más distracciones. Mientras el costo de la vida nos pulveriza más y más, surge una convocatoria para marchar hacia Miraflores este próximo 9 de abril. Sin embargo, tras la fachada de la "lucha salarial", se esconden viejas prácticas que los trabajadores debemos identificar y rechazar.
1. La unilateralidad como práctica burocrática
Esta convocatoria no es el resultado de asambleas de base ni de un debate democrático en las fábricas, escuelas u hospitales. Es, una vez más, una acción acordada entre direcciones sindicales burocráticas que actúan de manera unilateral.
En un momento donde la situación exige la mayor unidad posible para derrotar al "patrón Estado" (el principal responsable de la bonificación del salario) y al "patrón privado", estos sectores deciden por cuenta propia (y no tan propia, en última instancia). La verdadera fuerza del movimiento obrero reside en la consulta y el consenso, no en decisiones tomadas entre cuatro paredes que ignoran el sentir de quienes están en la primera línea de la sobrevivencia.
2. El peligro de servir a una agenda ajena
Es innegable que existe un despertar en los trabajadores. Hay un deseo genuino de luchar por:
La recuperación del valor real del salario.
El rescate de las prestaciones sociales.
La vuelta de las discusiones de contratos colectivos.
El problema radica en que sectores como la denominada "Coalición Sindical" pretenden instrumentalizar estas demandas para ponerlas al servicio de la agenda electoral de María Corina Machado. No se trata de una lucha por los derechos laborales, sino de un intento de usar el músculo trabajador como carne de cañón para un sector político que, al igual que el gobierno, responde a intereses patronales.
3. Lecciones del pasado: El fantasma del 2019
Ya hemos visto esta película y sabemos cómo termina. En 2019, la aparición de Juan Guaidó y su "interinato" sirvió de imán para que muchos sectores de trabajadores abandonaran la lucha autónoma que se venía gestando igualmente por salarios, contra el Memorándum 2792 y la represión.
Esos "atajos" políticos y maniobras burocráticas solo llevaron al fracaso en cuanto a las demandas genuinas de los trabajadores y a la desmovilización. Cuando el trabajador abandona su agenda propia por seguir espejismos de poder político, quien siempre termina perdiendo es el obrero. No podemos permitir que la historia se repita.
4. Ni chantaje ni activismo financiado
Hacemos un llamado a los trabajadores a nivel nacional a no dejarse chantajear. La "Coalición Sindical" y grupos afines operan más como aparatos de activismo político financiados por partidos patronales que como verdaderos sindicatos con trabajo de base.
Paradójicamente, el accionar de estos sectores termina haciéndole un favor al Gobierno. Al generar división y desconfianza, frenan la posibilidad de que surja un nuevo movimiento sindical: renovado, democrático, que consulte a sus afiliados y que sea genuinamente independiente de cualquier bando patronal. El gobierno le teme más a la posibilidad de una clase obrera organizada y autónoma, que a grupos que, aunque aparezcan en los medios y logren viralizarse, no tienen verdadero trabajo sindical de base en ningún sector laboral.
5. El camino es la unidad y la agenda propia
El pasado 12 de marzo, la marcha que logró llegar a la Asamblea Nacional en Caracas demostró algo fundamental: el espíritu unitario es la clave. Esa movilización fue un éxito porque se enfocó en objetivos comunes y en el empuje de las bases.
Ese debe ser el propósito. Rechazamos la descalificación que los voceros de la Coalición Sindical hacen contra otros factores que se han movilizado al compás del Pliego Nacional que se ha presentado ante distintas instituciones, entre ellas al Ministerio del Trabajo. La respuesta a esta maniobra del 9 de abril debe ser:
Un llamado unitario nacional para discutir cómo continuar la lucha.
Acuerdos concretos nacidos de la consulta.
Una agenda de movilización pública, transparente y sin agendas ocultas.
Recordemos: Para los trabajadores no hay un solo patrón. Están el Gobierno y los empresarios, y frente a ambos, la única herramienta victoriosa es la autonomía y la unidad de clase. ¡Por un salario igual a la canasta básica y contratos colectivos dignos, sin entregarnos a agendas políticas ajenas!
