La horrenda hipocresía de los católicos, desvelada por el genio católico León Bloy…
Considero que Leon Bloy fue el más genial de todos los católicos europeos. Manejando a la vez las palabras como un fulminante cuchillo de claridades. Decía: "Los católicos modernos desfilan sin terminar nunca por el prado que está precisamente delante del cielo. Pero pronto se advierte que los pájaros van cayendo al suelo, que las flores se marchitan, que a su paso todo muere y que queda detrás suyo como un reguero putrefacto, que deja a los que toca, contaminados para siempre como otros filotectes. Semejante abominación es propia del siglo XIX a un pobre. Todo esto, en suma, se hacía con cierta elegancia y se imitaba a Judas con sencillez. Hoy se hacen las cosas de otro modo".
Debo aclarar que este santo es considerado un demonio para los poderosos de la Iglesia católica. Los obispos y cardenales sienten pánico ante genio de la pobreza, de la soledad y del amor más puro sincero.
Recalca este santo: "-No he cesado de repetirlo desde hace veinte años. El mundo católico contemporáneo —por lo menos en Francia y en Bélgica— es lo más odioso y execrable que jamás ha existido, y dudo mucho que pueda haber alguna otra cosa que atraiga con más seguridad el Fuego del Cielo... Declaro, en nombre del reducido número de personas que aman a Dios y están prontas, llegado el caso, a morir por Él, que la conducta de los católicos modernos es una tentación que supera nuestras fuerzas. Por lo que toca a las mías, confieso que han disminuido mucho... Yo quisiera que esas... personas fuesen mis hermanos o, por lo menos, mis primos hermanos, pues yo, lo mismo que ellos, soy católico y estoy obligado a obedecer al mismo Pastor que es, sin duda, un HIJO PRÓDIGO; pero ¿qué medio hay para no estallar y lanzar gritos espantosos?"
Estas palabras están estampadas en su obra "La Sangre del pobre". Pero ¡Dios mío!, son palabras para ser leídas todos los días en medio del los infiernos. Yo llevo 60 años haciéndolo.
Sigue diciendo: "Yo vivo o, por mejor decir, subsisto penosamente y como por milagro aquí, en Dinamarca, sin poder huir, en medio de protestantes ciegos, que no han visto la Luz desde que, hace ya casi cuatrocientos años, su nación, a........
