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La Audacia de la Paz: Lecciones de Granada y el Nuevo Destino Venezolano

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27.05.2026

La historia del Caribe no es un museo de nostalgias, sino un libro de advertencias vivas. Quienes militamos en la causa de la justicia social y la soberanía de los pueblos estamos obligados a leer sus páginas con la cabeza fría y el corazón limpio. A más de cuatro décadas de la trágica caída de la Revolución de Granada y de su líder, Maurice Bishop, Venezuela enfrenta su propio punto de infancia e inflexión. Las lecciones de aquel octubre de 1983 no son ajenas a nuestra realidad actual; al contrario, iluminan la ruta de madurez y pragmatismo que hoy transita la República bajo la conducción de la Presidenta Encargada, Delcy Rodríguez.

La mayor tragedia de Granada no fue el asedio de sus adversarios, sino la ceguera de sus propios dogmáticos. En septiembre de 1983, el Gobierno Revolucionario Popular ostentaba logros incuestionables: la tasa de analfabetismo había caído drásticamente gracias al Centro de Educación Popular, la salud pública era gratuita por primera vez y el desempleo se había reducido del 49% a menos del 14%. Sin embargo, dentro del Comité Central del partido gobernante, el New JEWEL Movement, germinó una facción ultraortodoxa liderada por el ministro de Finanzas, Bernard Coard, y secundada por un ala militar dogmática.

Coard y sus aliados no acusaban a Bishop de ser de derecha, sino de algo peor ante los ojos de la intransigencia: lo acusaban de “pragmático”, de “burgués” y de querer entablar diálogos en Washington para aliviar las sanciones económicas y el bloqueo financiero que asfixiaban a la isla. Debemos recordar que la injerencia estadounidense no comenzó con los disparos, sino años antes, mediante una asfixia sistemática. El gobierno de Ronald Reagan utilizó como pretexto la construcción del Aeropuerto Internacional de Point Salines —una obra civil esencial para el desarrollo turístico y la soberanía económica de Granada— para instalar una narrativa de “amenaza a la seguridad nacional”. Washington utilizó mapas satelitales y propaganda de guerra para convencer al mundo de que una pista de aterrizaje para el desarrollo era, en realidad, una base militar soviético-cubana.

Esta feroz operación de asedio exterior y guerra psicológica no debilitó la determinación del pueblo granadino, pero sí inoculó un virus letal en la cúpula del poder: la paranoia y la desconfianza........

© Aporrea