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La silla vacía: Mientras peleamos por el salario, la IA está borrando tu cargo

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21.04.2026

Imagine que durante un siglo el mundo fue una balanza perfecta: de un lado estaba el crecimiento económico y del otro, el esfuerzo humano. Si la balanza subía, subían los empleos y los salarios. Era el "pacto social", un funeral al que nadie asistió porque ocurrió en silencio. Hoy, esa balanza se ha roto. El crecimiento ya no nos necesita; ahora se alimenta de algoritmos. Estamos pasando de una economía de sudor y horas-hombre a una de silicio y procesamiento. El capital tecnológico no solo está compitiendo contigo, está rediseñando el tablero para que ya no tengas dónde sentarte.

EL REEMPLAZO: Cifras de una transición inevitable

La realidad es fría. Amazon planea reemplazar 600,000 empleados por robots para 2033. Mientras usted lee esto, la densidad robótica mundial ya alcanza las 162 unidades por cada 10,000 empleados, el doble que hace tan solo siete años según la Federación Internacional de Robótica (IFR). Esta tendencia hacia la producción sin humanos no es una proyección a futuro; está sucediendo en este momento: en Estados Unidos, el aumento de la productividad tecnológica fue responsable de casi el 85% de la pérdida de empleos manufactureros entre 2000 y 2010.

El problema es que las máquinas y el capital están sustituyendo sistemáticamente al trabajador. La Organización Internacional del Trabajo (OIT)7 advierte que un 25% del empleo global ya está expuesto a la IA, afectando con mayor severidad a las economías de altos ingresos. Además, el 46% de las tareas administrativas y de soporte el corazón de la clase media ya son automatizables según Goldman Sachs. Empresas como Siemens, UPS y ThyssenKrupp ya han firmado memorándums de despido para miles, no por crisis financiera, sino por una mal entendida "eficiencia digital".

EL CAMBIO DE PARADIGMA: De la Explotación a la Irrelevancia

Si la producción depende menos del trabajo y más del capital, el poder de los trabajadores disminuye drásticamente. La soberanía económica se traslada de las manos que operan a las manos de quienes poseen los algoritmos y los servidores.

Este escenario nos obliga a introducir un concepto crítico: la irrelevancia. A diferencia del desempleo clásico, que es cíclico y permite la reabsorción, la automatización actual amenaza con crear una clase social cuya fuerza laboral es cada vez menos necesaria para el sistema productivo. Cabe preguntarse: ¿Se están creando leyes para reintegrar a los desplazados?

LA VELOCIDAD DEL TSUNAMI TECNOLÓGICO EN LA TIERRA DE BOLÍVAR.

Ya la pregunta no es cuántos empleos serán borrados del mapa por la IA y la automatización en las empresas básicas de Guayana, en las torres de PDVSA, en la banca o en los servicios de comunicación como CANTV y las fábricas de alimentos. La verdadera pregunta es a qué ritmo ocurrirá. En nuestras empresas básicas, podríamos encontrarnos con un mundo donde el acero y el aluminio se producen solo con una fracción de los obreros, mientras la productividad se dispara al son del algoritmo o que la gestión de inventarios y el tráfico de contenedores en los Puertos ya no depende de un capataz, sino de algoritmos de optimización que reducen la necesidad de personal en un 60%.

VENEZUELA: El Riesgo de la Obsolescencia Nacional.

En Venezuela vivimos sin abordar el cambio estructural del mundo del trabajo. El debate sobre este tema en los poderes del Estado y la sociedad es inexistente.

La necesidad de mejores salarios es real, pero la realidad de la automatización y la IA sobre los puestos de trabajo también lo es. Esto impone la urgencia de políticas y alternativas para los trabajadores en Venezuela. La lucha por la dignidady seguridad laboral debe hoy cabalgar sobre dos frentes: la justicia social interna y políticas que obliguen a que el rediseño tecnológico garantice la permanencia del hombre o su participación en la riqueza que se genera.

CONCLUSIÓN: Humanismo o Desecho Tecnológico.

La producción se ha desvinculado del esfuerzo humano para residir en el código. El reto es asegurar que el ser humano sea el centro de esta arquitectura y no un residuo prescindible del capital. La redistribución de la riqueza tecnológica ya no es una consigna; es la única forma de que el hombre, y especialmente el trabajador venezolano, conserve un lugar en la mesa del futuro. Venezuela hoy tiene el reto de garantizar que el hombre viva con dignidad, incluso en un mundo donde la tecnología atenta contra su derecho tradicional al trabajo


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