Presidenta, de nuevo: encontrémonos con la educación
A veces me da la impresión de que el Ministro de Educación juega al escondite. Pareciera que en esta crítica materia no es la única autoridad que parece hacerlo. Tampoco es un tema de mayor interés para las oposiciones, sólo para unos pocos. ¡Quiera la divinidad que esta omisión sólo sea un parecer mío, un error mío! Ahora, como ayer, todo se concentra en torno a barriles de petróleo y cosas por el estilo. Y si ciertamente hay una urgencia económica que ha sido cultivada con esmero desde hace ya bastantes años por los experimentos de unos cuantos Dr. Frankenstein de la economía del ya olvidado "socialismo del siglo XXI", no deja de haber otras urgencias en el país, urgencias que si no se atienden se llevan por delante a generaciones enteras de seres humanos, que le niegan su apertura a la vida, que los condenan a la miseria espiritual y a la miseria económica por más millones de barriles de petróleo que se saquen de nuestra depredada naturaleza para embotellar y entregar al tío Sam. La educación, sin duda, es la urgencia mayor del futuro de Venezuela en nuestro tiempo. Hay que ocuparse del presente pues los venezolanos estamos comiéndonos un cable, nos han convertido y nos hemos convertido en un ratón de ferretería. Para ya hay que buscar salida a la cuestión de los ingresos de lo que queda de nuestras familias, de nuestros hombres y mujeres. Para ya hay que atender la salud de los venezolanos. Pero estas urgencias del ya, insoslayables, no niegan que se atienda simultáneamente una urgencia que como la educativa siendo también del presente marcará nuestro futuro de modo determinante.
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