La FIFA World Cup 2026 y los abusos de su tecnocracia en los afanes de elitización del fútbol.
El pasado 7 de mayo del año en curso, Donald J. Trump, Presidente de los Estados Unidos, fue cuestionado por la prensa de su país respecto a los precios del boletaje con motivo del partido a realizarse en la ciudad de Los Ángeles el próximo 12 de junio y donde debutará la selección de las barras y las estrellas contra su similar de Paraguay. A esa fecha, 1940 dólares era el precio más bajo –según el website oficial de la FIFA– por presenciar ese partido. Ante lo cual, el mandatario norteamericano aseguró al New York Post que él “no pagaría esa cifra. […] Me encantaría estar ahí, pero yo no pagaría eso, para ser sincero. […] No estaba al tanto de ese importe” (https://shre.ink/7dQU).
La respuesta del mandatario fue contradictoria al interior de su gobierno, puesto que días antes Andrew Giuliani, Director Ejecutivo del Grupo de Trabajo de la Casa Blanca para la Copa Mundial de Fútbol 2026, realizó una defensa de los altos precios del boletaje para los encuentros del Mundial, relacionándolo con la creciente demanda y entusiasmo de los aficionados. Además, el funcionario aseguró que la FIFA es una organización privada, por tanto, no creemos en el control de precios, pues es el mercado el que los dictará (https://shre.ink/7dTs).
Se trata de un ejercicio de fijación dinámica de precios por parte de la FIFA, donde los algoritmos desempeñan una función crucial al modificar los precios de los boletos al alza de acuerdo a la alta demanda. Marcando ello un punto de inflexión respecto a otros macro-eventos deportivos del pasado, donde no existieron precios dinámicos, sino que estos fueron más bajos y se acotó la reventa de entradas. Por su parte, Gianni Infantino, Presidente de la FIFA, defendió la estrategia de ventas argumentando que los precios dinámicos son la lógica del mercado estadounidense relativo al entretenimiento y al deporte; por lo que que reducir el precio de los boletos conduciría a una mayor especulación en los mercados de reventa legales e ilegales.
No menos importante fue la declaración del ex dirigente de la FIFA, Joseph Blatter –paladín de la corrupción en el fútbol–, esbozada en febrero de 2026 para Radio Canadá: “¿Mil dólares por un partido del Mundial? Es indignante. Es absurdo. […] El Mundial no es una máquina tragamonedas, pero en ello se convitió ahora. En este mundial, el gran beneficiario serán los Estados Unidos, pero no los aficionados”.
El mismo 7 de mayo, el website oficial de la FIFA puso a la venta entradas para presenciar la final del Mundial el próximo 19 de julio en el MetLife Stadium al precio de 32,970 dólares, siendo que semanas antes se manejó un precio oficial máximo de 10 990 dólares. En portales oficiales de reventa –misma que es legal en los Estados Unidos– como FIFA Marketplace, a inicios del mes de mayo, un paquete de cuatro boletos para la final alcanzó el precio de 2,2 millones de dólares. Llamó la atención la respuesta del Presidente de la FIFA cuando al respecto fue cuestionado en una conferencia realizada en Los Ángeles: “Si alguien paga dos millones de dólares por un boleto para la final, me encargaré personalmente de llevarle un perrito caliente y una coca-cola para asegurarme de que tiene una experiencia increíble”. Al cierre de este ensayo, el 15 de mayo, la página oficial de la FIFA arrojó un precio para la misma final de 35 562 dólares –algo así como 616 530 pesos mexicanos–; cantidad que contrastra con el precio oficial más alto de 1600 dólares pag. Ado para la final de Qatar 2022.
Los excesos para con los aficionados se extienden al transporte que........
