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La desimantada brújula del amor en tiempos del móvil

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14.08.2026

Argentina registró una caída del 47% de nacimientos en la última década. La causa más alegada por los jóvenes que no desean tener hijos no es la independencia personal ni las razones económicas, sino la ausencia de pareja estable. Una reflexión sobre los déficits afectivos, educativos y comunicacionales de nuestra generación.Foto de Štefan Štefančík en Unsplash

La imagen se replica en cualquier bar de toda gran metrópoli, no importa de qué lugar del mundo se trate. Las mesas del salón rara vez son el escenario de las conversaciones de antaño, cuando los amigos o parroquianos se sentaban, programada o casualmente, a sencillamente hablar de la vida. También resulta poco habitual encontrar en algún rincón de la cafetería a aquel solitario lector que recorría serenamente —aunque sin disimular sus emociones— las páginas de un libro frente a la taza humeante. Hoy la mayoría (a veces todos, literalmente) permanecen sentados a las mesas, solos, con la cervical inclinada en actitud casi reverente hacia el celular, en silencio. Incluso no es inusual, en cualquier otro ámbito —incluida la mesa familiar o una «reunión» de amigos— que quienes podrían y deberían estar conversando estén cada uno pendiente de la pantalla de su dispositivo, ensimismados y encorvados, ignorando a los demás.

Es la primera imagen que me viene en mente cuando leo los resultados del último informe del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, publicado apenas unos días atrás por Infobae. Los datos son elocuentes: Argentina registró una caída del 47% de nacimientos en la última década, pasando de 777.012 a 413.135 nacimientos anuales, en apenas diez años. De ese modo, si bien la tasa de natalidad aún se ubica en el 11 por mil habitantes (un valor similar al de Brasil con el 11,7 por mil, o al de México con el 12 por mil), la tasa de fecundidad se desplomó a 1,2 hijos por mujer (contra el 1,6 de los otros dos países latinoamericanos). Parte del descenso de nacimientos en la Argentina se explicaría por la sanción de la Ley del Aborto (unos 120.000 al año, según señalan las organizaciones que promueven la derogación de la norma), y también la marcada caída de embarazos adolescentes producto de las eficaces campañas de prevención y anticoncepción llevadas adelante desde diferentes niveles estatales (tal factor justificaría unos 60.000 nacimientos menos al año, ya que en la última década los embarazos adolescentes bajaron de 117.000 anuales a los actuales 48.000 por año). Pero como se ve, ni la anticoncepción adolescente ni la práctica del aborto legalizado llegan a dar cuenta de la estrepitosa caída de la tasa de natalidad.

Está claro que estamos hablando de indicadores muy lejanos a los europeos (España e Italia tienen tasas de natalidad cercanas al 6,5 por mil y la tasa de fertilidad es de 1,1 y 1,2 hijos por mujer, respectivamente), pero en todo caso se trata de índices absolutamente lejanos del mínimo indispensable para el deseable reemplazo poblacional, establecido en 2,1 nacimientos de hijos vivos por mujer. Ya conocemos las consecuencias de esta catástrofe demográfica: sistemas previsionales en jaque, mayor........

© Aporrea